Diario de León
Publicado por
AL TRASLUZ. EDUARDO AGUIRRE
León

Creado:

Actualizado:

Los deberes son el blues de los niños. O eso dicen, porque nunca los hice. Me los ponían, claro, pero ni caso. No presumo de ello, pero los hechos son los hechos. Mi ajetreada vida social me llevaba toda la tarde: merendar, ver Los Chiripitifláuticos, leer tebeos, chincharle a mi hermana, escribir cuentos, pintar monigotes, darle vueltas a todo aquello que no quería ser cuando fuese mayor ... me ponían ya en la hora de cenar y del bostezo. ¿Y qué pasaba al día siguiente? En clase contenía la respiración y cruzaba los dedos para no ser preguntado por los deberes. Algún día estuve a punto de asfixiarme o de que se me cortase la circulación. Tras salir de clase, necesitaba descansar de tanto disimulo. Agotador esfuerzo. La polémica sobre la conveniencia o no de ponerlos me lleva a sugerir lo siguiente: ni aprenderse los reyes godos de hoy para mañana, ni aquello mío de plantarse el monóculo tras salir del centro. El colegio eran para mí los amigos. No es que careciese de inquietudes, pues las tenía en abundancia, incluso precoces, pero hacer los deberes no formaba parte de mi sentido de la obligación ineludible. En cierta ocasión dejé un examen en blanco y todavía tuve la osadía de escribir en el margen superior izquierdo eso de «Virgen santa/virgen pura/ haz que apruebe esta asignatura». Conmigo los profesores se ganaron el cielo.

Pero ya hace mucho que comprendí que no fueron mis habilidades conteniendo la respiración y cruzando los dedos las que me llevaron a salvar las apariencias, sino la calidad pedagógica y humana del profesorado. Si no fuese por ellos, todavía seguiría sentado en el pupitre intentando comprender para qué sirve un logaritmo. Luego cambié y me volví estudiosín. Desde entonces, nunca he dejado de hacer mis deberes. Eso sí, tras haber merendado. Sin ver Los Chiripitifláuticos puedo ya pasar.

Parece indudable que algo falla en nuestro sistema educativo, las discrepancias giran sobre el qué. Nunca he considerado que alguien o algo tuviese la culpa de mi incompatibilidad con las obligaciones extraescolares. Y siempre me sentiré agradecido porque se me dejase seguir ensimismado en mi pupitre, aun sabiendo el profesor que ese día tampoco traía los deberes hechos.

tracking