Diario de León
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EL CORRO PEDRO VICENTE
León

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A ntes de que el PSOE implosionara, el mes de octubre se presentaba como todo un escollo para Mariano Rajoy y el Partido Popular. El inicio de la vista oral de los casos Gürtel y ‘tarjetas black’ constituía un serio handicap para un candidato a la investidura perseguido por la sombra de esos y otros sonados casos de corrupción. Más que nada porque el objetivo requería el apoyo activo de un partido, Ciudadanos, pretendido adalid de la «regeneración democrática», y la abstención de otro, el PSOE de Pedro Sánchez, atrincherado en el «no es no».

Pero he aquí que, llegado octubre, los que temían estar contra los cuerdas, esto es, Rajoy y el PP, no sólo no lo están, sino que incluso han tenido la tentación de poner condiciones de imposible cumplimiento a la abstención socialista, forzando así unas terceras elecciones sobre el papel claramente favorables a sus expectativas. Algo así como los pájaros disparando a las escopetas.

Al final Rajoy ha recapacitado y ha tenido la magnanimidad de no intentar que el PSOE pasase por esas horcas caudinas. No conviene olvidar que ello le hubiera hecho responsable de esos terceros comicios, con el coste que ello podía acarrearle ante un electorado con la paciencia ya al límite. Tampoco existe ninguna garantía de que el juicio de la Gürtel termine siendo completamente inocuo para el PP, sobre todo si se confirma que el factotum de la trama, Francisco Correa, está dispuesto a tirar de la manta.

Para Rajoy es suficiente con que los socialistas sigan cociéndose en su propia salsa. Sabe que la abstención promovida por el ‘susanismo’ va a consumar el desgarro interno del PSOE, que va a salir muy debilitado del trance y con un nuevo liderazgo reacio a cualquier frente de oposición compartido con Podemos. Que el presidente de la gestora socialista, Javier Fernández, haya utilizado el término ‘podemización’ como origen de uno de los males de su partido, resulta sumamente revelador al respecto. Y frente a un ‘sorpaso’ inevitable en unas terceras elecciones, al PP le conviene mantener con respiración asistida al PSOE.

El pifostio socialista no sólo ha conseguido despejar el camino a Rajoy hacia su segunda investidura. Además de ello ha alejado el foco de las tensiones internas existentes en Podemos, donde Pablo Iglesias e Iñigo Errejón siguen emitiendo en distinta longitud de onda. Y por si fuera poco, también ha dejado en segundo plano la manifiesta impostura de Ciudadanos, al que se le ha caído definitivamente la careta. Consciente de que en unas terceras elecciones volvían a pintarle bastos, Albert Rivera no sólo ha tragado con la investidura de Rajoy, sino que ha rebajado sus exigencias de «regeneración democrática» hasta un nivel que roza lo sonrojante. Con su implosión el PSOE está sirviendo de bálsamo reparador del resto de las otras tres principales fuerzas políticas.

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