Un leonés de leyenda
Durante décadas, León fue una de las provincias con mayor número de aficionados culés fuera de Cataluña. Esta tendencia nada casual respondía a una inclinación alentada por las gestas con el Barcelona de nuestro paisano César Rodríguez (1920-1995), a quien la estadística de la liga española de fútbol acaba de situar como el segundo mejor jugador de la historia, entre los más de nueve mil que han intervenido en sus 85 años de competición. Para calibrar la dimensión de este logro, Messi aparece el cuarto, Di Stefano el séptimo, y Cristiano Ronaldo el vigésimo tercero. Más allá de sus colgantes de goles y temporadas en la élite, César revolucionó la figura del ariete en el fútbol español.
También alteró la espesa quietud provinciana de León su boda en los agustinos con Emma Revillo, Memi, en marzo de 1949. Aquel año fue Pichichi con 28 goles en 24 partidos. Después de la canción de Serrat, que inmortalizó la delantera de las cinco copas (Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón), las sucesivas conquistas de Messi fueron refrescando la magnitud de sus logros. También por la necesidad de buscar referencias a un perfil de atacante singular. Estuvo en la élite durante dos décadas, con una campaña en Francia. Fue trece años titular con el Barcelona, máximo goleador siete temporadas consecutivas, y estrenó el casillero en primera de dos equipos: Granada y Cultural Leonesa.
A León volvió el año del ascenso, en 1955, para jugar con sus hermanos Calo (que también le acompañó siete temporadas en el Barcelona) y Severino. Su olfato goleador se asentaba en un poderoso remate de cabeza y en su capacidad de disparo con las dos piernas. Tenía una habilidad curiosa, el uso de la puntera, que le permitía resolver con ventaja muchos barullos en el área. También puso de moda los remates en plancha, muy raros todavía en su época. Había salido de la fundición de su padre en la carretera de Asturias al acabar la guerra y fue al Barcelona porque quería conocer el mar.
De la Cultural marchó al Perpignan, y con 37 años lo fichó como entrenador el Elche, de tercera. Como no quería dejar de disfrutar, firma como jugador y entrenador. Dos ascensos seguidos, a los que contribuye con 37 goles, lo devuelven a primera con 39 años. Acaba la temporada de líbero, dejando al Elche décimo. Como entrenador, terminó de ayudante con Kubala en el Barcelona, después de haber dirigido al Zaragoza de los cinco magníficos. Le llamaban el Pelucas por el avance de su alopecia, que el imaginario popular asociaba al desgaste por los remates con la cabeza. César disfrutó la primera Liga de Campeones en Londres, unos años antes de morir. De la Cruz, que jugó con Cruyff, y Juan Carlos en los noventa aprovecharon el rastro leonés de su estela.