Mujeres solas
Tenemos un grave problema. Y no lo queremos ver. Tenemos un grave problema con la violencia de género. Un problema que nace del patriarcado, de la mentalidad machista de muchos hombres y más de una mujer, de la discriminación histórica que ha sufrido y sigue sufriendo el sexo femenino.
El problema comienza cuando miramos para otro lado. O minimizamos el conflicto. De nada sirve animar a denunciar los malos tratos si después dejamos desprotegidas a las víctimas. Lo que ha ocurrido esta semana en el Bierzo, con una mujer secuestrada en Fabero, vejada en un trastero de Bembibre después de que un juez dejara libre unas horas antes a su presunto maltratador, que en el último año había entrado y salido de prisión varias veces por quebrantar la orden de alejamiento, debería hacernos pensar en lo profundo que es el problema, en lo hondas que son sus raíces.
«De vez en cuando a todos se nos cae la vida, y eso no es tan malo. A veces es necesario... necesario que se rompa en mil trozos para que en el momento de recogerlos sepamos cuantos debemos dejar en el suelo...abandonados». Esto lo escribía hace unos días en una red social la mujer secuestrada el lunes en Fabero. Una mujer que ahora mismo está recogiendo los pedazos rotos de su vida. Me pone los pelos de punta imaginármela de madrugada, medio desnuda en el barrio de La Estación de Bembibre, tocando los timbres de portales que nadie le abría, después de que dos de sus tres captores—su ex pareja, con una pulsera telemática, nunca se movió de su docimilio— la abandonaran en una casa vacía.
Esa mujer estaba aterrada. Traumatizada por lo que le habían hecho. Y aterrada, repito, porque su hijo de 12 años se había quedado solo en casa. Su mayor preocupación cuando se la llevaron en una ambulancia, vestida con la ropa que le prestaron, era que la Guardia Civil protegiera a su hijo. Esa mujer cuenta que el supuesto agresor —hay que poner supuesto y concederle la presunción de inocencia mientras no haya una condena, así es nuestro sistema de garantías— también ha amenazado con matar a su hijo. Y esa mujer, en el momento de escribir estas líneas, sigue aterrada porque dice que su expareja no estaba solo.
Ella sí.