A más tocamos
A hora que vemos crecer los bisontes europeos nacidos sobre el verdín que alimentan las rebabas del pantano del Porma, lo que los indios de las películas interpretaban como un signo de prosperidad, viene el Instituto Nacional de Estadística (INE) otra vez a ponernos en nuestro sitio. Como poco, a mostramos dónde estaremos dentro de 15 años de acuerdo a la tendencia arrastrada: sumidos en un páramo demográfico, con apenas nacimientos salvo de ungulados y osos, con el torso de la pirámide en el que están las edades productivas fino para entrar en una talla 36 y el pico ancho lleno de jubilados a los que no les quedará hucha para las pensiones. Seremos 58.000 vecinos menos. Se habrá ido un 12% de los actuales habitantes, conforme a los augurios asentados en datos empíricos, tomados de tres largas décadas en las que la sangría poblacional deja casi como un recuerdo en blanco y negro el medio millón que fuimos. Nada de lo que preocuparse, como intentan convencernos los políticos que mandan en las instituciones para minusvalorar la proyección como si fuera sólo cháchara de agoreros; un intento de esconder el fracaso angustioso de planes como la Agenda para la Población de la Junta, que no sabemos bien por qué la bautizaron así, pero que hay que reconocer que como burla irónica merece un premio.
Aunque a estas alturas, da igual lo que digan desde los estrados y los despachos. No hacía mucha falta el sello del INE para convencernos. Basta con pasarse un domingo por la tarde por las dársenas de la estación de autobuses y los andenes del tren, tomadas por cientos de jóvenes con la mochila a cuestas. Es tan simple darse cuenta como echar un ojo a los pueblos que en quince días, tras Los Santos, se quedarán otra vez vigilados por los ladridos de los perros que ahuyentan al lobo. No hace falta más que ver cómo el Gobierno y la Junta se mofan de los leoneses, diez años después, con el anuncio de que ahora sí van a estudiar las posibilidades de sacar adelante el polígono ferroviario y logístico de Torneros que preveía 2.000 empleos según los estudios iniciales. Quizá piensen que sirve con la propina que ahora, sin minas ni casi mineros ya, sueltan para incentivar la compra de carbón nacional y justificar que han sido los enterradores de la minería. Pensarán que nos llega con ser, como en este momento, una provincia de camareros y vendedores, en la que uno de cada cuatro contratos dura menos de un mes. Si ando por aquí dentro de 15 años, se lo cuento.