TRIBUNA
Vivir y convivir en el municipio de León

H ace unos días leí en la prensa local que el alcalde del Ayuntamiento de León, Antonio Silván, había visitado un barrio de la ciudad con un grupo de concejales para dialogar. Objetivo: interesarse por los problemas de los ciudadanos. Creo que ha sido buena idea, y debería visitar otros tantos barrios de la capital. ¿Por qué? Porque el barrio —y quizás no sea necesario predicarlo— es el marco de convivencia más entrañable de la población.
Además, es la primera escuela para vivir y convivir en una sociedad masificada. Incluso debe contribuir a la integración de los vecinos para estimular la solidaridad y cooperación necesaria.
Siempre he pensado que el barrio —mi barrio— es el código de la formación de la ciudad, y constituye, por otra parte, el núcleo para el ocio y la cultura. De ahí la importancia como soporte de la memoria y fortalecimiento de la convivencia social.
Por eso es preciso resaltar, de modo general, a los llamados «alcaldes o concejales de barrio». Estos representantes genuinos de la vida local cumplen, a mi juicio, con la misión de humanizar las relaciones sociales entre vecinos y regidores municipales. Porque las ideologías por sí solas no resuelven el haz de problemas de un barrio o una ciudad. Se necesita, por tanto, acercarse a la ciudadanía para conocer «in situ» los problemas y hallar las soluciones más óptimas.
A la hora de hacer balance de la gestión municipal conviene valorar los hechos, realizaciones y proyectos. En este horizonte, la función del alcalde puede derivar en estas dos actitudes: delegar en los concejales más próximos su responsabilidad; o bien, por otra parte, analizar, en primera instancia, las aspiraciones y peticiones de los vecinos del municipio.
En el caso que glosamos, el alcalde leonés ha optado por esta última opción, que, sin duda, es la más acertada. La tesis más lógica y razonable es que el regidor municipal esté llamado a conocer todos, y cada uno de los rincones de la ciudad o población.
Con estas visitas a los barrios, la corporación de uno u otro color, está vinculada por delegación de los vecinos para que escuchen sus cuitas sin burocracias artificiales y despachos sin aliento.
En este contexto, creo que el éxito de cualquier alcalde, o del político en general, depende de estar al corriente de los problemas y aspiraciones de los representados. El contraste de opiniones y de pareceres avivan la imaginación y orientan el trabajo de los regidores municipales. Y acto seguido pedir opinión si fuera preciso, a los técnicos. Según el jurista Isidoro Álvarez Sacristán, se trata de asegurar la armonía entre «tecnocracia y burocracia» para conseguir una eficaz gestión municipal.
De todas formas, la misión de un alcalde en mi opinión, debe consistir en estos elementos esenciales: preparación, honradez, trabajo y entrega. Se ha dicho que la política es arte, ciencia, pero sobre todo —al margen de las ideologías y oportunistas— es servir con honestidad y eficacia a la ciudad, a través de los barrios o de cualquier vecindario , en general. «El alcalde que cumple con su misión, crea como el artista, crea como el apóstol, e impulsa la familia comunal con sentido recto, generoso y enérgico de un buen patriarca», palabras que escuché en cierta ocasión al brillante municipalista leonés, Florentino Díez (antiguo secretario general de la Diputación leonesa). Y, por su parte, a los vecinos nos corresponde realizar dos cosas fundamentales: hacer oír nuestra voz ante el alcalde o concejales para que conozcan y resuelvan nuestros problemas; y colaborar, asimismo, en la solución de los mismos. ¿Al vecindario del municipio de León conlleva esta exigencia ante los representantes de la Administración Local?
La figura del alcalde es muy importante tanto en los grandes municipios como en los pequeños. Sería muy grato que el alcalde de nuestro ayuntamiento, en general, antes de entrar en el despacho solemne, rodeado de «filtros burocráticos», hiciese un recorrido por algunas calles o barrios para dialogar directamente con los vecinos, y así interesarse por sus problemas, ya sean grandes o pequeños.
En resumen, un pueblo o una ciudad si tiene confianza en sus regidores municipales, y tiene fe en sí mismo, es capaz de elevarse por encima de las dificultades, y conseguir cotas de progreso. De esta manera, el objetivo de un municipio que camina en armonía con los ciudadanos está asegurado.
En suma, para que la ciudad de León sea más habitable y más humanizada. Al fin y al cabo, esta es la grandeza y servidumbre de un alcalde.