Diario de León
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Chano podría ser el 45 pueblo más bonito

P eñalba celebró el día nacional de los pueblos más bonitos de España, lo que nos alegra en gran manera, y es que otros muchos pueblos de nuestro querido Bierzo bien podrían aumentar ese número. Hoy concretamente me voy a referir a Chano, en el Valle de Fornela, sin dudar que otros muchos pueblos también lo merezcan. Decía Valentín Carrera cuando hizo su El Viaje del Vierzo, al ir conociendo los lugares y zonas, no recuerdo si por escrito también, que Fornela era el valle más bonito del Bierzo.

El municipio de Fornela se compone de siete pueblos: Peranzanes, donde está el ayuntamiento, Chano, Trascastro, Guímara, Cariseda, Faro, y Fresnedelo, pueblo éste que está cerca, pero en otra zona del valle, aunque igualmente hermoso con su entorno. Y de Chano, de su interesantísimo patrimonio, empezaremos diciendo que lo riegan cuatro ríos, tres que nacen en su propio territorio —el río del Couso, el río de Mondiego y el río de Prado— que son afluentes del Cúa, que hace el número cuatro. Y aunque sean pequeños, tienen todos ellos truchas siempre, y no hay duda de que son ríos, pues además hay regueras y fuentes, éstas en cantidad. Luego el conjunto de sus casas, algunas de arquitectura antigua que se puedan considerar extraordinarias, como la Casa de Trazas, la de Liche —que pertenece a los herederos de Valentín y Rosaura—, la de Modesto en La Cruz, la de Flora en el Couso, la de Gulnara en Prado y alguna otra, todas de piedra de cantera muy bien trabajada. Lo de las nuevas edificaciones son aparte, pero muy hermosas también.

Añadiremos que Chano es solano y lo defienden del frío norte la ‘Piniella’, montaña que la resguarda del norte. Y ahora añadiremos lo del poblado celta, que se considera como uno de los de más interés histórico del Bierzo, esto también dicho por personalidades como Francisco Orallo (Paco), catedrático en la Universidad de Santiago, ahora tristemente fallecido.

Tino del Cúa. fabero

La ola

C omo un efecto inesperado del tsunami del Maresme del 2021, Cataluña logró independizarse de España. En apenas un lustro, convencieron a sus vecinos de Valencia y Baleares para que se unieran a su proyecto de nuevo país. En un reflejo de la ola que se introdujo tierra adentro, las anexiones fueron poco a poco cubriendo el territorio español. En la década siguiente Aragón, Castilla-La Mancha y Murcia pidieron la entrada. Hasta el norte de Portugal hizo un amago de anexión. El último bastión en asociarse: Asturias. Comenzaron los pactos y acuerdos. Los trenes tenían que pasar, las carreteras continuar su camino, las mercancías salir y entrar, y los repetidores de televisión emitir en las siete lenguas oficiales. De este a oeste, de norte a sur, aquel territorio antes llamado España comenzaba a tejer una manta de buen cobijo, de comercio y prosperidad. Volvían a estar tan unidos y compenetrados que, sin darse apenas cuenta, parecían un territorio del pasado. Pero se encontraron con un dilema: necesitaban un nombre que aglutinara a todos aquellos territorios, igual que la palabra tortilla acoge amorosamente a la patata, la cebolla y el huevo. Hubo miles de propuestas, coherentes y disparatadas a partes iguales. Hasta que una diputada de la Cámara Supranacional propuso un nombre que tal vez sirviera. Tras meses de encendidos debates, y con no pocas oposiciones, acabaron llamándole España.

LUIS GARCÍA PRIETO. PONFERRADA

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