EDITORIAL: Compromiso, acuerdos y reformas para avanzar hacia la recuperación
La investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno viene a resolver una interinidad política que se ha prolongado durante más de trescientos días en una situación insólita en la democracia española. Sin embargo, no despeja las dudas sobre la estabilidad política del país para los próximos cuatro años.
Aunque sea en una prórroga sin plazos, Rajoy seguirá en la Moncloa sencillamente porque ha sido más hábil y más paciente que quienes se habían propuesto desalojarlo. La pérdida de credibilidad de los dos grandes partidos por su manifiesta ineptitud para prever, evitar y afrontar una crisis devastadora para el país y la corrupción descontrolada abrió las puertas del Parlamento a las llamadas fuerzas emergentes, que sin embargo se han movido entre la exacerbación de unos, dispuestos a agitar la sociedad y sacar a la calle la política desde las instituciones —que el secretario general de Podemos simpatizase con la legítima manifestación que rodeó al Congreso de los Diputados no tiene otro propósito que el de deslegitimar el sistema parlamentario que da cobijo a él y su partido es una contradicción y una extemporaneidad—, y la irrelevancia de otros por su política de bandazos para acabar entregándose al candidato popular sin nada a cambio y después de prometer a sus electores que jamás lo harían. Al PSOE, desgarrado y sangrante por el empecinamiento y la temeridad de Pedro Sánchez —presentó su renuncia como diputado pero volverá a pelear por el control del partido—, le cabe al menos el reconocimiento de un doloroso ejercicio de responsabilidad política para con el país, aunque de nuevo tenga que pagar un alto precio por su abstención.
Es hora de recomponerse y afrontar los graves problemas derivados de tan larga interinidad. El desánimo de los ciudadanos, los daños a la economía y a la imagen exterior del país, la defensa frente al populismo y el secesionismo catalán son problemas que necesitan soluciones que deberán afrontar desde hoy mismo. Pero habrá de hacerse desde el consenso y desde el deber constitucional de las fuerzas que lo asumen como tal y respetan el sistema político. Si no se alcanza ese «compromiso de gobernabilidad» que reclama Rajoy asumiendo el diálogo como posibilidad y la cooperación como ejercicio de sensatez, la amenaza de unas elecciones al cabo de un año será algo más que una posibilidad
—previa disolución de las cámaras, algo que podría ocurrir a partir del 3 de mayo—, ya que el Gobierno y el PP podrían utilizar ese recurso sabiendo que otros saldrían más perjudicados.
Después de más de trescientos días de interinidad lo que este país necesita es estabilidad, romper el bloqueo político que impidió adoptar medidas para avanzar en la recuperación económica. Y eso sabiendo que los mejores logros siempre fueron consecuencia de acuerdos y reformas y los más frustrantes fracasos, de las rupturas, las divisiones y la irresponsabilidad.