Diario de León
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AL TRASLUZ. EDUARDO AGUIRRE
León

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Si cumple con lo que él mismo dijo, Pedro Sánchez ha debido comenzar ya una gira en coche por España, para difundir su propuesta ante la militancia del PSOE. Compadezco a su compañero o compañera en tan largo viaje por carretera. «Pedro, ¿puedo quitar tu CD de La Habitación Roja?, me encanta pero llevamos escuchándolo desde de Madrid. Si quieres te silbo Fiel espada triunfadora».Y él: «No es no». Al ratín: «Pedro, tengo gazuza, ¿paramos ahí?». Y él, inmisericorde: «No es no». Muchos kilómetros más allá, suplicante: «Pedro, si no paras lo hago por la ventanilla». Pero él firme en sus trece y en sus noes rotundos. La coherencia ideológica, claro, es otra cosa. En cambio, Gabriel Rufián, líder el ERC, sí fue coherente en el Congreso con sus palabras contra el PSOE, pues dijo lo que cabía esperar de su resentido desprecio. Mal le iba a ir al socialismo democrático con éste como copiloto, u otros similares. Iglesias, en cambio, felicitó al separatista catalán nada más concluir sus exabruptos. Sánchez los condenó, pero en su entrevista en Salvados ha afirmado que fue error suyo tachar a Podemos de partido populista. En su gira va a defender que el PSOE se abra a dialogar con el partido de Iglesias, sin hacer ascos al independentismo. Pero a él las urnas le han dado ya dos rotundos «no es no».

El exsecretario general cree que hoy sería presidente del Gobierno si se le hubiese dejado llegar a acuerdos con la izquierda radical, pero no explica cómo iba a legitimizar su liderazgo, a mayores del «porque yo lo valgo». Tras el recuento de votos en las dos pasadas elecciones nadie escuchó gritar: «And the winner is... Pedroooo». Les hubiese durado cuatro telediarios.

El PSOE ha sido, es y será un pilar fundamental de nuestra democracia. Pero no es la derecha la que brinda por la crisis del socialismo. Es cierto que el partido tiene que pasar por el taller de reparación, pero también ha de hacerlo el PP, cada uno con sus propios retos internos. Todos han de asumir que, hoy por hoy, la carretera electoral ya no es dos direcciones. Ahora hay más circulación, lo que conlleva más socavones. Y todo hace indicar que el coche de Pedro Sánchez no llegará muy lejos con las cuatro ruedas pinchadas.

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