Luna de noviembre en la noche de León
A los políticos les gusta atusar a los gatos; manosear el lomo del micifuz que merodea por despachos oficiales al olor del pienso adictivo, que transforma a felinos en porteros de finca con carlancas y subsidio del poder. Los gatos que mayan en la cúspide de los tejados son toda la perturbación posible para los prebostes que duermen a pierna suelta, porque se saben blindados en el antojo. No se levantó acta del gesto que para la posteridad inmortalizó el primer político que puso cebo debajo de la mesa para contrarrestar la inquietud de los mininos que atiborraron las noches de luna llena con sus gritos complacientes, que no eran más que dinamita y pólvora mojada para el estatus quo. Las estridencias del gato no pasan de titulares porque son postureo, y mutan a horma de zapato, a jarabe de tos crónica tras comprobar que resulta más fácil domar al minín que finge rebeldía que meter a un camello por el ojo de una aguja. Así fue como ejércitos gatunos dejaron las sombras de las chimeneas para instalarse bajo las techumbres nobles de las instituciones, junto a los sillones reclinatorios perfectos para la genuflexión. Hay una proporcionalidad embarazosa entre el zigzag al tobillo de quien suministra el alpiste y los sucedidos cotidianos; con tanto gato sumiso, es fácil que florezcan las rotondas de envolvente térmica que le salieron a la LE-20; o ponerse de perfil frente a la tragedia social que lleva a León a generar uno de cada tres parados dentro del concepto autonómico —el conceto, que decía Manquiña— y el mutis de los cronistas oficiales. Cosa diferente del lobo, que descerraja de una dentellada la misma mano que enreda al gato hasta meterlo en el redil. El lobo es indomable, con ese instinto primario que le impide engullir otra víscera que no sea producto de su ingenio depredador. A los lobos les fascina el plenilunio porque orienta más que el sol; momento oportuno el perigeo de la próxima semana, con el foco lunar más próximo a la tierra en los últimos 70 años, ocasión que ni pintada para actualizar el censo y valorar el éxito de las políticas que amparan el coro de gatos aduladores y hostigan al lobo, solitario y montaraz; para asomarse a la cara de la luna entre un estruendo de maullidos llorones y aullidos remotos. Así está León.