TRIBUNA
Jorge, mi amigo, se ordena el día 20

T odos los años por estas fechas suelo dirigirme a la amabilidad del director para expresar mi punto de vista sobre los menores y su cuidado, porque el 20 es el día internacional dedicado a los pequeños; pero este año, hago un quiebro y una excepción para dirigirme, con permiso de quien me acoge, a un amigo joven, porque merece este recuerdo.
¡Jo!, esto es casi un milagro, y mira que yo soy muy, pero que muy escéptico, respecto a lo que la gente suele creer sobre los milagros. Jorge, amigo, tú como persona, como ser humano, para mí eres un ser ‘sagrado’, pero ahora, con la noticia de que el día 20 de noviembre, ¡halaaaa!, el día de San Félix de Valois, trinitario acogedor de pobres y cautivos, el día internacional del menor, el día de…, ya saben todos o casi todos ustedes y no lo voy a recordar para no incomodar a algunos…; pues tú, que eres una buena persona, para alegría de tus padres, de toda tu familia, de tus muchos amigos y de tantos más, nos dices que el día 20 te ordenará sacerdote el señor obispo en la Catedral de León. ¡Sacer-dote!, aún más sagrado, si ello es posible.
Eso es todo un acontecimiento en pleno siglo XXI, y hay que celebrarlo: ¡Sacerdote! No te nombran director general de un banco (las catedrales del siglo XXI), no te nombran ministro del nuevo gobierno, algo a lo que muchos de derechas e izquierdas aspiraban. A ti te van a ordenar como ministro de la comunidad de creyentes, servicio al que muy pocos «opositan» en la actualidad porque está muy mal pagado y casi diría mal visto y peor valorado; pero tú, nadando contra corriente, vas y aceptas como un reto la consagración como ministro de los pobres, de los niños, de los ancianos, de los enfermos, de los débiles, de los «nadie», que son la gran masa que no sale nunca en los telediarios ni en la portada de revistas y periódicos, porque son gente corriente, sencilla, de andar por la calle sin escoltas…, tú ya me entiendes.
¿Sabes una cosa, Jorge? Eres un fuera de serie y yo me siento orgulloso de ser tu amigo y te felicito por tu valentía, sin chulería ni aspavientos, por tu sencillez, por tu bonhomía, porque no llamas la atención y siempre estás dispuesto a prestar ayuda al primero que pasa a tu lado y te necesita, porque eres un auténtico servidor para tirios y troyanos, para unos y otros sin hacer acepción de colores, de ideas, de personas, como el trinitario Félix de Valois. Y quien no te vea ni te sienta así, es que no te conoce y no sabe lo que se pierde.
Tú tienes muy claro que ordenarte de ministro en la escuela del Maestro Jesús, significa, como bien lo expresa la palabra ministro, «minus-ter»: ser servidor, amigo de a pie, compañero de viaje. Sí, Jorge, vas a ser un buen ministro (minus-ter) a las órdenes del Maestro (Magis-ter) para servicio de toda la comunidad de creyentes, que te recibimos con los brazos abiertos, pues necesitamos amigos y compañeros de viaje para apoyo, para animarnos, para «per-donarnos y enseñarnos a per-donar».
¡Qué gozada, amigo Jorge! Tenemos que darte las gracias por tu generosidad, pero sobre todo, gracias al buen Dios que nos regala tu servicio hoy, que pocos son los que quieren servir voluntariamente, sin cobrarnos peaje…, como si la única moneda de curso legal fuera el euro y no la sonrisa, el abrazo, el darte la mano mientras te acompaña, el decirte una buena palabra.
Estoy seguro, Jorge, que serás un regalo, un don extraordinario, superlativo (per), para toda la comunidad de creyentes, y, por eso mismo, quiero recordarte que en tu vida de consagrado no te olvides de perdonar y enseñarnos a perdonar: es el mejor regalo que nos puedes hacer y nosotros debemos hacer. Parece tan sencillo…, y es dificilísimo, porque lo que nos pide el cuerpo es todo lo contrario.
Hace falta mucha fuerza y valentía, mucho valor y generosidad para perdonar; vivimos en un país donde renacen los odios, los rencores, los deseos de aniquilar al que piensa, siente o cree de forma diferente a la nuestra, y eso nos destruye como personas y como ciudadanos; vivimos cautivos de un nuevo «cainismo» y necesitamos redentores para esta cautividad moderna; tú tienes esa capacidad y vocación como San Félix: ejércela y enséñanos a ejercerla.
¡Ah, que se me olvidaba!, tus paisanos de Villavante, tierra de campaneros, ya pueden empezar a repicar todas las campanas el día 19 hasta el 20 a las cinco de la tarde; a esa hora, todos en la Catedral para acompañarte y luego darte un abrazo de esos que dejan huella, el abrazo de los verdaderos amigos. Yo, que no sé tocar las campanas, aunque sí sé reconocer diferentes repiques, te dejo como regalo y recuerdo un poema de la campanillera Gabriela Mistral, que dice así:
«Toda la naturaleza/ es un anhelo de servicio./ Sirve la nube,/ sirve el viento,/ sirve el surco./ Donde haya un árbol que plantar,/ plántalo tú,/ donde haya un error que enmendar,/ enmiéndalo tú,/ donde haya un esfuerzo que todos esquivan,/ acéptalo tú./ Sé el que aparte la piedra del camino,/ el odio entre los corazones/ y las dificultades del problema./
El servir/ no es faena sólo de seres inferiores./ Dios que da el fruto y la luz, sirve./ Pudiera llamársele así: El que sirve./ Y tiene sus ojos fijos en nuestras manos/ y nos pregunta cada día:/ ¿serviste hoy? / ¿a quién?/ ¿al árbol, a tu amigo,/ a tu madre?».
Ya tienes faena, amigo. Un abrazo y muchas felicidades.