Diario de León

SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS ?ARTURO PEREIRA?

Motivos de optimismo

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E n etos días pasados se ha estado leyendo en las iglesias el libro del Apocalipsis. Ciertamente acongoja un poco, parece que inevitablemente nos va a caer literalmente como se afirma castizamente, «la del pulpo». Unos se lo creen y otros no. Pareciera que los acontecimientos cotidianos que conforman nuestra realidad diaria fueran en sí mismos un apocalipsis o al menos los prolegómenos de lo que San Juan afirmó presenciar y que dieron lugar a su libro.

La humanidad lleva esperando el fin del mundo desde que es humanidad. Consciente de su finitud, el ser humano en todo momento histórico y cultura, ha presentido que el mudo llegará a su fin algún día. Los fatalistas y agoreros nos acompañan siempre y los más osados de ellos se atreven a vaticinar hasta la fecha exacta del fin de los tiempos.

No quiero ser irreverente con el más cualificado de los profetas del horror, el más conocido de todos, me refiero, claro está a Nostradamus. En general, sus afirmaciones valen para una interpretación y la contraria, suele ocurrir cuando no se escribe claro y sí haciendo uso de un lenguaje encriptado sólo al alcance de los iniciados o del que lo escribe favoreciendo así la interpretación más conveniente.

Muchas y dramáticas son las calamidades que hubieran dado ya lugar al final de los tiempos según estos futurólogos incluido el más insigne ya citado, pero, de momento no han acertado, aquí seguimos. Y aquí es donde aparece y se fundamenta la razón principal para ser optimistas respecto a nuestro futuro.

Es evidente que el mundo no es el Paraíso, eso ya lo sabemos desde lo de la manzana de Adán y Eva, que ya podían haberse comportado y ahora no estaríamos como estamos. Pero, bien, no hay vuelta atrás. Si miramos a nuestro alrededor dan ganas de llorar. Desempleo, injusticia social, plagas, meteoritos que pueden chocar con la Tierra y aniquilarnos, tal vez el sol nos puede abrasar, o quizás a Trump le puede dar por apretar el botón nuclear, qué sé yo… una locura.

Pero, insisto, frente a todas estas probabilidades de barrernos del Universo, aquí seguimos y desde hace mucho tiempo. Se puede afirmar sin margen de error que la vida es frágil, está permanentemente amenazada y la principal amenaza somos nosotros mismos. ¿Por qué debemos pues ser optimistas respecto de nuestro futuro? Precisamente porque aquí seguimos. La humanidad ha pasado en 2000 años de 170 millones de habitantes a unos 7300 en la actualidad y se prevé que el 2100 se superen los 10000 millones.

Por lo tanto, parece que por falta de gente no será. Otro motivo para el optimismo que se puede alegar es que nunca la medicina curó a tantas personas, ni tantos alcanzaron un nivel de vida digno como actualmente. Digo esto siendo consciente de la necesidad de una mejor distribución de la riqueza, de la necesidad de erradicar la pobreza y el hambre, pero los hechos son los que son. Sirva como ejemplo básico es el hecho de que, a pesar de los esfuerzos de algunos visionarios como Ciro el Grande allá por el año 539 antes de Cristo y tras la conquista de Babilonia, dictó el conocido como «Cilindro de Ciro» considerado el primer documento referente a derechos humanos, no fue hasta el año 1948 cuando de aprobó la Declaración Universal de Derechos Humanos. Claro que casi nadie se la sabe.

Con todo lo anterior quiero decir que nunca estuvimos mejor. Cierto que estamos en crisis, que es deprimente cuando hablamos de lo que ocurre en nuestro alrededor, sobretodo cuando vemos a familias sufrir por no ver satisfechos sus derechos más básicos recogidos precisamente en la rimbombante ‘ Declaración’.

No echemos la vista muy atrás, simplemente retrotraigámonos a comienzos del siglo XX y comprobemos cómo se vivía en aquella época. No podemos dejarnos vencer por el pesimismo. El apocalipsis llegará seguro, y que aquí no va aquedar nadie, seguro también, pero como decía un sacerdote en misa el otro día, mejor, pues para los católicos es de natural aspiración mejorar en el otro mundo. Para los no creyentes, tampoco tiene porque preocuparse porque la fe suele aparecer también en los últimos momentos, no vaya a ser…

Conclusión, optimismo porque, aunque sea de milagro, el mundo sigue girando y no tiene pinta de que se vaya a parar en breve.

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