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aquí y ahora Manuel Alcántara
León

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L os trabajadores con rentas inferiores al salario mínimo han crecido en España, sin duda para darles una oportunidad para que ejerzan la admirable virtud de la paciencia. ¿Cómo no hemos asistido a manifestaciones de júbilo al saber que el llamado salario mínimo, que siempre está sabiamente calculado para que los que trabajan, para que no desfallezcan, se conformen? El problema mayor sigue siendo la desigualdad y el segundo es que nos expliquen que todos somos iguales. Es un debate antiguo y Mariano Rajoy, que hace lo que puede, no alcanza a enfriar el dichoso debate sobre la tan cacareada reforma de la Constitución. Hay muchas cosas que hablar y poco tiempo para escuchar. No debiéramos impacientarnos ni ser ingratos, porque al tiempo le queda mucho tiempo por delante. El Partido popular, el Partido Socialista y Ciudadanos están en contra de un proceso constituyente. Reformar la Carta Magna no estriba en añadirle algunas posdatas. Parece que es algo más complicado y hace falta más consenso, pero eso de entenderse nunca ha sido nuestra especialidad. Algunos rechazan la demolición y otros proponen edificar sobre las regiones devastadas.

Recuperarse totalmente del KO político exige un cierto tiempo sin subir la ring, pero Pedro Sánchez, que quedó noqueado, no lo acepta. No le gustó ni lo más mínimo la manera que usaron para dejarle fuera de combate, ya que el combate continúa. Lo provisional siempre se hace duradero en España y nuestra desdicha mayor, que fue la Guerra Civil, sigue viva y dando sus coleadas. El admirable Julián Marías, que no era de unos ni de otros y por eso no le gustaba a ninguno de los dos, habló de «los injustos vendedores y los justamente vencidos». Estamos en el año 2016, ya en sus últimos días, y sólo quedan diez para que aquella terrible historia solo le interese a los historiadores. Yo tenía ocho años cuando empezó y ahora al borde de los 90 sigo escribiendo de eso. El tiempo, que dicen que no es distancia sino sentimiento, es un pelmazo. No tiene ni la menor idea de cuándo acaban los calendarios.

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