Diario de León
Publicado por
EL MIRADOR MANUEL ALCÁNTARA
León

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E l Gobierno plantea que la jornada laboral acabe a las seis de la tarde, incluso para quienes no tienen trabajo. Trabajar cansa, pero buscar trabajo es aún más fatigoso, porque hay que llamar a muchas puertas y la mayoría están sordas como una tapia de cementerio, que es donde dicen que transitan los más lentos y mejores caracoles. La ministra de Empleo, Fátima Bañez, se asemeja a sus colegas en que no tiene una idea clara de cómo es, de verdad, su país, que es más extenso que su despacho y donde siempre hace la misma temperatura. El Congreso votó esta semana una proposición no de ley del PSOE para derogar la reforma laboral del PP. Siempre creemos que lo contrario de lo malo es mejor, pero con desdichada frecuencia son compatibles ambas cosas. ¿Aumenta nuestra felicidad colectiva que la jornada termine a las seis de la tarde? Habría que saber la conducta del tiempo, que se comporta de diferente manera con cada uno de nosotros. De él sólo sabemos que es sucesivo y hay quienes piensan que es una broma que se viste de luto cada día cuando llega la noche.

Ni siquiera Juan Ramón Jiménez, que era el místico más ocupado, llegó a descifrarlo y por eso hablaba de «el trabajo gustoso». Ciertamente pesan menos los días fugitivos si no los numeramos ni les pedimos responsabilidades, porque la edad no hace al tiempo. Se conforma con deshacerlo. El gran don Pío Baroja tenía en su casa un reloj de pared con una leyenda, que etimológicamente es lo que ha de ser leído, que decía ‘Todas hieren, la última mata’. Todos los grandes narradores dedican muchas horas vividas a asomarse a otras y son ‘artesanos en su hogar’ como Faulkner, que siendo premio Nobel se inscribía en los hoteles con esa denominación. Quizá el deber cumplido sea la gran recompensa. Por lo menos tiene para todos el premio de no tener que cumplirlo y eso es un respiro. Uno de los últimos.

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