cartas al director
Otro camino a Santiago, el de la montaña
I niciamos cada día un nuevo camino ya conocido o desconocido, dejamos huellas allí por donde se desplazan, es el camino que busca la meta de una jornada.
Nos queremos ocupar ahora del camino que viene de Francia, entra al País Vasco, faldea la Cordillera Cantábrica por el Sur para unirse con el camino francés en El Bierzo. Discurre por arroyos, montes, umbrías y solanas, atraviesa paisajes que calman el alma y animan el espíritu entre la quietud de los bosques y el aire diáfano de las montañas. Fue lugar por donde pasaron reyes, peregrinos, romeros, pastores, penitentes y santos.
Este camino de la montaña sirvió de paso en los siglos IX al XII, hoy está simplemente oculto, tapado en largos tramos por follaje, arbustos y arroyos que lo jalonan; en él no se ha borrado la historia en restos de edificios medievales que se suceden a lo largo de las estribaciones de la Cordillera, atestiguando el peregrinar de penitentes quienes dejaron huellas en castillos, monasterios, hospitales, posadas, ermitas o iglesias parroquiales, de ello dan fe el buen hacer de manos de cantero.
Posterior al siglo XII, los peregrinos siguieron pasando por el camino, según la tradición oral conocida, aunque fue perdiendo auge al surgir el Camino Francés, por ser más liviano y llevadero; tal es así aconsejado por el conde don Sancho al decir: «… que el mismo conde don Sancho hizo nuevo camino por donde los peregrinos pasasen a la iglesia y ciudad de Santiago; conviene a saber, por Navarra, La Rioja, Briviesca y tierra de Burgos porque antes, por ser señorío de los Christianos más estrecho, los peregrinos de Francia, acostumbran a hacer su camino con grande trabajo por Vizcaya y los montes de Asturias, lugares ásperos y faltos de todo y montuosos».
Saber el nombre del camino es necesario para orientarnos, para llamarlo diferenciándolo de otros caminos y parajes como hemos visto arriba, lo importante es que cumpla nuestro fin; el camino se desarrollará a pesar del nombre elegido, lo importante es descubrirlo y surcarlo trecho a trecho.
Asociaciones de Vizcaya, Burgos, Cantabria, Palencia y León tratan de descubrir el camino más fidedigno a la historia, a los vestigios y a la tradición, lugar que modificaron por razones históricas para facilitar el peregrinar como queda dicho.
El peregrino, al salir de su casa, tiene una meta aunque tenga tropiezos, viva las inclemencias suba y baje colinas, valles y laderas; quizá busque en el camino la soledad, el encuentro con su yo o lo comparta con otro peregrino, quizá sólo hagas algún tramo donde descubras una zona rural, o el paisaje tan singular y variado; en cualquier caso, no quedarás indiferencia porque también encontrarás la acogida y sencillez de sus gentes. Este camino, sin deslindar todavía debidamente, ya lo buscan muchos peregrinos porque ofrece el sosiego del bosque, la música de las aguas cantarinas, el murmullo sonoro, la paz, la compañía de las umbrías, robledales, arbustos y arroyos serpenteantes.
Faltan infraestructuras que ya están en marcha y muy pronto recibirán al peregrino con todos los medios que necesita. Recordemos que los Montes de Asturias comprendían las estribaciones de la Cordillera Cantábrica valles y vegas adentradas en tierras de la actual provincia de León.
CHELO FERNÁNDEZ.
OTERO DE LAS DUEÑAS