Diario de León

TRIBUNA

Castilla y León: paraíso humano

Publicado por
Ángel Alonso Álvarez Profesor de la Universidad de León
León

Creado:

Actualizado:

N o es un descubrimiento. Castilla y León acumula muchos indicadores extraordinarios que permiten establecer la siguiente premisa, «Medioambiente extraordinario + Civilización extraordinaria + Agroganadería extraordinaria + Alta tecnología = paraíso». Son simplificaciones banales, dirán algunos. Exageraciones sin contrastar, pensarán otros. No faltará quien clame que se trata de una apostasía, quitarle a Dios el don de darnos el paraíso. Es más sencillo. Consiste en añadir atributos bien conocidos y contrastados, otro más, la alta tecnología.

Las cualidades de Castilla y León como fabulosa despensa son antiguas. Y lo seguirá siendo. Consiste en no dejamos cegar por algún que otro espejismo. La calidad, máxima, debe ser la única meta. El futuro de la agroganadería de calidad y su correlato industrial, orientado a la calidad, lo considero prodigioso, estratégico. Castilla y León posee todos los climas y orografías. Es una delicia medioambiental. ¿Y qué decir de su civilización con enorme huella en nuestro territorio? Solo la ignorancia podría desdibujar tan inmenso patrimonio. ¿Qué queda, añadir? Alta tecnología o mejor tercera revolución industrial y hacerlo ahora que podemos, que todavía podemos.

Castilla y León perdió la partida económica de la Segunda Revolución Industrial. Y no vale decir que somos una potencia energética. Hemos aportado nuestra orografía y poco más. El modelo de negocio de la energía centralizada, en todo caso, está dando sus últimas bocanadas. Es un modelo de negocio que genera mucha controversia desde el punto de vista de la seguridad, pasiva y activa, al que se le opone la atomización de las fuentes de energía, al calor del cambio tecnológico. No es lo mismo que cada cual suba energía a la red, sus excedentes, que recibir energía, de manera pasiva desde un punto centralizado. Nos tocó y con mucho esfuerzo remontar la distancia de partida para incorporarnos a la Segunda Revolución Industrial. Lo hicimos, pero sin liderazgo y no me refiero al liderazgo respecto a otras regiones sino internacional, el que debe importarnos.

Tenemos posibilidades, las tenemos, de lograr alguna posición de ventaja en la tercera revolución industrial y sería un caso de obcecación mayúscula no hacerlo y no librar esa batalla. La agroganadería de calidad es indisociable de la alta tecnología y no separable del conocimiento y de un medio ambiente favorable. Lo tenemos. La civilización no se improvisa y constituye, sin duda alguna, la riqueza más exquisita y exclusiva de la región. Castilla y León dispone de talento a raudales, de auténticos ejércitos de jóvenes muy bien cualificados, con mucha inteligencia emocional, ingeniosos y que no han tenido la oportunidad de poner a prueba sus dotes porque nadie les reclama para hacerlo y porque nuestros planes académicos, prisioneros de un pesimismo endémico, en modo alguno están orientados a hacer o crear.

Tenemos el cuadro macro y no es poca cosa. Tenemos a nuestro favor, sumando, que no somos pobres y que tenemos capacidad de organización y anticipación. Son requisitos que me permiten afirmar que el reto de la tercera revolución industrial, el reto de la alta tecnología, está a nuestro alcance y que moralmente estamos obligados a intentarlo con un objetivo predicho: ser líderes. Y serlo de la única manera que es posible: con trabajo constante, muy exigente, metódico y creativo, a la vez, sin desmayo. En nada son útiles las declaraciones enfáticas e infatuadas a beneficio de inventario.

La agonía de la segunda revolución industrial, con sectores enteros, emblemáticos, amenazados por el cambio tecnológico, escoltado por nuevos productos, servicios y modos de interpretar la realidad y, lógico es, modos de resolver los problemas reales, los que sí tenemos, genera tanta presión sobre el cuerpo social que, dicho queda, aquellas estrategias que se alejen del corto plazo, del día siguiente, son segregadas de las agendas con cajas destempladas. El pensamiento estratégico ha huido de nuestro quehacer. Todo se encomienda al irresoluto oráculo del «corto plazo». Es nuestro gran pecado, nuestra mayor debilidad y que incluye y somos poco conscientes de ello: la expansión y generalización de la impotencia y el abatimiento. El reino del pesimismo se nutre del «corto plazo». La inexistencia de futuro, genera una enfermedad tras otra: aniquila.

El profesor Tetsuji Okazaki, estudioso de la historia industrial de Japón, ha prestado mucha atención al tipo de economía del Japón de la II Guerra Mundial, caracterizada por el control y la planificación, gubernamental e institucional. Lo traigo a colación porque no ha dudado en su labor investigadora en poner de relieve las concomitancias y parecidos de la política industrial de postguerra con la de la guerra. Japón, en circunstancias muy adversas, levantó una política industrial firme y decidida asignando las divisas existentes a la creación de máquina herramienta, asignando los recursos locales a través de comités deliberantes a los proyectos que consideraba más útiles. Comités en los que procuraba acumular el máximo criterio. Se descentralizaron las decisiones, pero no la habilidad para acumular criterio o pensamiento estratégico.

Naturalmente, desplegaron políticas de préstamos a interés muy bajo, mecanismos de renegociación y reemplazo de la deuda singulares, muy conocidos, exenciones fiscales… Lo sobresaliente es que supieron utilizar sus escasos recursos.

Levantaron una industria automovilística y electrónica de primer nivel. Y como su estrategia era crear máquina herramienta, robotizaron sus plantas y son líderes en robótica y en máquina herramienta a nivel mundial. Forman parte, por derecho propio, de la tercera revolución industrial. Sabían lo que querían y el camino a seguir. Su meta estaba lejos y supieron no apartarse de ella.

Y traigo a colación el ejemplo japonés —capacidad para acumular criterio y desarrollar pensamiento estratégico— porque el ciclo industrial que adviene es el ciclo de la máquina herramienta que crea más máquina herramienta, preñado de localización industrial, mucho conocimiento y más creatividad. Es nuestra oportunidad. Nos falta levantar la vista, superar la ansiedad del «corto plazo», estéril, cosa que no hacemos. La meta: el paraíso humano. Utilícese como metáfora. Equivocarse es fácil. Basta con hacer lo que no se debe. Quien no guarda fuerza para imaginar el futuro ya está derrotado.

tracking