TRIBUNA
Nunca es tarde
H ay que saludar con esperanza al Frente Logístico del Noroeste impulsado esencialmente por empresarios de Asturias y León. Los que llevamos años denunciando y trabajando por evitar la imposición de un destino sin esperanza para León, nos congratulamos porque algo empiece a cambiar, se rompa el silencio de los corderos, se busquen aliados y se denuncie la injustificable situación de postergación a la que nos quieren condenar.
Porque el drama de esta provincia no admite más resignación, abulia o indiferencia. Según el Instituto Nacional de Estadística, León perdió 24.195 habitantes entre 2011 y 2016 (por cierto, entre 2004 y 2011, con el denostado gobierno socialista, se habían ganado 5.079 habitantes).
La pérdida de población es muy grave en cantidad pero lo es mucho más cualitativamente. En su mayoría se ha producido por la emigración masiva de los jóvenes que no tienen oportunidades de trabajar en nuestra tierra. Esos jóvenes emigrados debían vivir aquí produciendo riqueza, formando familias, teniendo hijos, ocupando viviendas, consumiendo bienes y servicios, en definitiva renovando la sociedad y la economía.
La marcha de los jóvenes representa una catástrofe para el presente, y además nos deja sin futuro. Eso, por sí solo, explica «la caída del consumo familiar y la inversión» que recogen las ‘Previsiones Económicas de Castilla y León’ presentadas por el banco España Duero.
Ahora bien ¿por qué razón la economía leonesa está a «la cola del crecimiento» de toda la comunidad y de toda España como dice ese informe?
Pues ya no se explica por la crisis general que estalló en 2008, ¿no dice el Gobierno que la mayor parte de España está saliendo de ella?
Las causas diferenciales para que León se hunda cada vez más están bien claras: son las decisiones políticas aplicadas por los gobiernos autonómico y central en esta provincia.
El primer agente despoblador de León es el gobierno autonómico del Partido Popular, con una planificación que concentra el desarrollo industrial entre Valladolid y Burgos.
Este corredor fue autoproclamado por el Plan Cylog como «eje transeuropeo prioritario» y se le está dotando con grandes infraestructuras públicas de suelo industrial, logístico, puertos secos, etc. para las que no existen problemas presupuestarios. Un eje en el que se pretende concentrar la inversión ferroviaria y que ya está gestionando la construcción de un tercer carril en cada sentido de la autovía desde Tordesillas hasta Palencia.
Esa planificación pretende dejar a León como una reserva de nativos (pocos y ancianos) con pintorescas tradiciones para turistas… y casi nada más. Esa planificación explica que León sea la única provincia de la Comunidad autónoma que perdió empleo industrial en 2016: mientras Valladolid ganaba 1.545 empleos asalariados, León perdió, en industria, 69 cotizantes a la seguridad social.
Esa planificación se está ejecutando implacablemente desde hace años por la Consejería de Fomento y también por la agencia ADE, ubicada en la ‘Perla Negra’, sede siniestra por su turbia adquisición y por las siempre opacas decisiones presupuestarias que en ella se toman ¡nunca provincializadas! Una agencia donde el ocultismo domina la gestión financiera, las inversiones, el asesoramiento a empresas y la «orientación» a inversores.
El Gobierno central ha venido a dar la puntilla porque ha practicado en estos cinco años una política de tierra quemada con la minería leonesa que ha significado la desaparición de miles de puestos de trabajo directos, indirectos e inducidos. Esa es la causa principal por la que solamente Villablino ha perdido 1.011 habitantes en los cinco últimos años.
En todas las comarcas mineras la sangría de habitantes ha estado por encima del 10% y siempre afectando a hombres y mujeres jóvenes. Pero la dependencia de la minería era también muy importante en Ponferrada que se ha reducido en 2.061 habitantes y en León que ha disminuido en 6.552 empadronados.
En cinco años hemos sufrido un proceso de desertización que no deriva de la crisis general de 2008 sino que ha sido consecuencia de decisiones despiadadas y de extremada vesanía implementadas por el gobierno de Mariano Rajoy contra la minería del carbón nacional y especialmente la de León.
Ese ataque a un pilar de la economía leonesa ha confluido fatalmente con las «directrices de concentración territorial» del desarrollo, de la población y de la riqueza en el corredor Valladolid-Burgos. Durante demasiados años han contado con la tolerancia y la complicidad de las administraciones leonesas y de muchas entidades de la sociedad civil que preferían mirar para otro lado. Por eso no podemos dejar de dar la bienvenida a nuevos protagonistas en la búsqueda de alternativas contra un destino impuesto, arbitrario y discriminatorio para León: porque nunca es tarde.