Rajoy, alternativa a Rajoy
E s cierto que se trata de culturas políticas contrapuestas, pero no por ello deja de resultar llamativo el contraste entre los congresos políticos que PP y Podemos celebran el próximo fin de semana. No en cuanto a estética, puesta en escena y contenido programático, lógicamente en las antípodas, sino en cuanto al clima interno que rodea a ambos partidos. Hace un año se cernían negros nubarrones sobre el liderazgo de Mariano Rajoy, expuesto a afrontar el siguiente congreso tan a cara de perro como aquel celebrado en Valencia. Pero su recuperación electoral en junio, y su investidura en octubre, han reforzado su posición hasta el extremo de convertir el congreso del domingo poco menos que en un paseo militar. Justo el camino inverso seguido por Podemos y su líder, que creían estar tocando el cielo hace un año y ahora llegan a Vistalegre II enzarzados en algo tan terrenal como la lucha intestina por el poder. Así de prosaico.
Aquella sentencia de Andreotti, según la cual lo que verdaderamente desgasta no es tanto ejercer el poder, sino la frustración de no alcanzarlo, no puede ser más cierta. Si le ha pasado factura a Podemos, deslumbrado por un espejismo, no digamos al PSOE, partido con vocación y cultura de gobierno sumido en un desgarro interno que puede conducirle a la irrelevancia. Tampoco está como para tirar cohetes Ciudadanos, que, tras su retroceso electoral en junio, enterró sus sueños de alternativa para asumir su papel de partido bisagra. El cónclave que acaba de celebrar así lo ha certificado. Si pudiera desandar sus pasos, los de naranja estarías cogobernando en los ayuntamientos, que son muchos, y comunidades autónomas, que son algunas, donde su voto es imprescindible para que gobiernen otros en solitario. Y, una vez que se pasó la mano por la cara y apoyó su investidura, probablemente Albert Rivera esté arrepentido de no haber entrado en el nuevo gobierno de Mariano Rajoy. Tampoco se escapa Rivera del síndrome Andreotti.
Con el PSOE hecho unos zorros, Podemos dejándose la credibilidad en sus trifulcas internas y Ciudadanos dispuesto a acudir en socorro del vencedor, no es extraño que el PP siga repuntando en las encuestas y que a Rajoy no haya quien lo tosa. Está gobernando en minoría con concesiones mínimas y permitiéndose el lujo de elegir si pacta con el PSOE o con C`s, ambos cautivos de unas posibles elecciones anticipadas. De existir, no se vislumbra otra alternativa que la de otro gobierno del PP, eso sí, más crecido. Da igual que se dispare el precio de la luz, que se descontrole el IPC y que esté a punto de agotarse la hucha de las pensiones. La nueva política nos ha salido completamente rana.