TRIBUNA
El invento de la amistad actual
¿¡ Es el amigo el que condena en gran medida con su silencio!, cuando la realidad nos indica, que ese solo llamado amigo es mucho¿; ¿es en el mismo margen, a la par, que observamos, que es enemigo quién nos acusa? Y la cavilación nos conduce a pensar que la amistad necesita de cierto paralelismo de conducta, de vida, una comunión de pensamientos y en fin, una emulación de fines, que raras veces se cumplen.
Hagamos memoria con los mal designados «amigos», y refutaremos que es muy difícil pensar en voz alta ante ellos e incluso trataremos de ocultar nuestros pensamientos, los dejaremos en lo más profundo de nuestra mente, mucho antes de descender a confesiones abisales, con duda obvia, que ni incluso los más católicos, quieran mencionar ni a la Santa Inquisición; ahora está hasta bien visto ser contrario a las reglas establecidas por la historia pretérita ( honor, nobleza, decoro...). No se condena por apostasía, sino por la falta de socorro, por la falta de fé en la amistad. Nos conducimos en nuestras conversaciones, alegando, que ese es mi «amigo», que de pequeños jugábamos juntos, que estudiábamos juntos, que nos contábamos cosas peculiares, que ni a nuestros padres decíamos.... amigo, amigos... ¿? Dónde han quedado esos años de amistad real por falta de concepción de vida y que más adelante hemos visto con horror, relegándonos a casi todos a enfoques de razón y lógica diferentes, apretándonos en la amistad que solo nos sirvió en su positiva visión con el tiempo, para jaztarnos ante el resto, ante todos y no valer de nada.
La hipocresía cierta, el peloteo a la espera de consecución de un algo a cambio, cuando lo real es que el señor peloteado nos utiliza con su inversa psicología inversa, y es el mismo, quien nos maneja al fin. ¡Yo soy amigo del ínclito tal, amigo del presidente cal, amigo del....! ¡Que miseria humana vivimos! Y aún así, no nos reconocemos en nuestra falsa vanidad, vivimos con ella. Risas, juergas, juegas... sin sentido, amistad falsa ya dicha, apretada y acotada, fariseismo al fín, el saber y consentir de que va todo, sin saber de que va nada. Amistad inútil, vana, sin razón, sin sentido, solamente para contemporizar los momentos o ratos inciertos, amistad eventual falsa e insensible.
El ser humano siempre ha de mantener la cierta amistad en continua reparación, ya que los llamados falsamente «amigos», nos conocen siempre, pero en la adversidad, somos nosotros los que les conocemos a ellos, por lo tanto, esa mal llamada amistad disminuye cuando hay demasiada felicidad o deseo de la misma de una parte demasiada desgracia de la otra. ¡Que bonito sería en la edad tardía, encontrar la amistad sin apreturas! Ya sin ser tarde, y tener mucho cuidado en la elección de los enemigos. Sí, enemigos, porque al fin, uno termina, terminamos pareciéndonos a ellos y es justamente al que debemos observar, sus ojos, gestos, modos, sus... Con todo el detalle del marcado lenguaje, no verbal, ya que será el primero que verá nuestros defectos, taras o vicios a la par, que a un rival le podemos atribuir motivos más ruines que los nuestros.
Hay una frase de Jules Renard (escritor, 1864-1910) sintomática de todo lo anterior: «No existen amigos, hay momentos de amistad». Y creo cierto lo expuesto, sin exigua duda y así lo asiento y fanatizo. La pura, la real, la cierta amistad inocente, la esencial para nuestro desarrollo emocional de infancia, lo real de comunicación sin cortapisas, la cooperación en grado sumo y solución de problemas iniciales o toma de decisiones, se forja o deberá forjarse, cuando nuestra personalidad se va desarrollando, 2 ó 4 años y nos acercamos al futuro falso de los 8 a 11 años en que nuestra mente ya toma sus propias decisiones, encontrando, o tal vez creemos encontrar el amigo, el compañerismo perdurable o imperdurable que lo fraguamos en esa etapa, tergiversándalo en cantidad de ocasiones en amistad; no obstante, nos consolamos en su duración, como descubrimiento inmenso en relación con otros de menor importancia.
Como niños, no nos dedicamos a pensar en educarnos en nuestra vejez pronta, queda muy lejos. ¡Siempre pasa y transitará igual! Normal y lógico. La falsa amistad por el tiempo, aún en abundancia por la historia temprana.
En este mundo que habitamos, tecnificado, globalizado, sistematizado, la llamada amistad se agolpa en la apretura de unos y otros, sin contactos concretos e inclusive sin valores que nos indican y siempre nos han indicado la educación del hombre, la que se ha dado a si mismo en tiempo remoto, inmemorial, prescindiendo de aprender lo que debemos pensar y no lo que nos enseñan, no obstante a partir de ya; contaremos con un buen amigo, y lo tendremos junto a nosotros siempre... dicen, decimos... ‘El Celular’; tiene ocurrencia la amistad actual, ideada para que tres o más contiguos, igual da, enuncien, sin considerar nada, ya que su desasosiego, con el paso del tiempo, transita y cambia, y la amistad ‘móbil’, persiste. Amistad apretada al fin.