Diario de León

TRIBUNA

Francisco Pérez Herrero (el poeta de los toreros)

Publicado por
Felipe Zapico Díez Presidente del Club Taurino de León y Comentarista de Televisión
León

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C uando se recuerda a Francisco Pérez Herrero, siempre es como el creador del místico personales de Genarín y, sin embargo, se olvidan de lo que fue en su polifacética vida, infinidad de libros, el poeta que mejor cantó los barrios leoneses, periodista, gran taurino...

Yo le conocí de niño porque vivíamos los dos en barrio de Santa Marina, yo con diez años (él me llevaba 26), zapatillas de cáñamo y jugando al fútbol con una pelota de papel atada con cuerdas, y pasaba Paco, se paraba el juego, recuerdo su menuda figura engrandecida por su porte señorial y aquel andar rápido, como si tuviera siempre prisa, con su sombrero y muy bien vestido. Dentro de mi niñez algo me decía que no era nadie normal y yo le veía pasar todos los días embelesado y sin pensar que, el destino, nos tenía reservado una gran amistad que empezó cuando fue presidente de la Peña Taurina Leonesa, que por cierto, su sede estaba en el Bar Madrid, hoy Camarote Madrid, también referente del taurinismo leonés, donde nuestra amistad se hizo inquebrantable hasta su muerte.

Nunca olvidaré mi primer cara a cara con él, fue en la redacción del Diario de León cuando su sede estaba en Pablo Flórez y fue con motivo de agradecerle un poema que, en mi honor, el día antes había publicado en dicho periódico con motivo de una actuación mía en la Plaza de León en la que decía «tenemos un torero en León, nacido en Santa Marina...» luego me dedicaría otros, e incluso editó un libro taurino Caireles .

Estoy seguro que la mayoría lo ignoráis pero él siempre fue ‘Sombrerín’, nadie mejor que él lo supo lucir. Entre mis nebulosos recuerdos lo veo vigoroso, vivaracho y jovial, me fijo en como asombra, hablando incansable, certero, chispeante siempre, mientras los demás sólo comían aceitunas o tomaban vino; ahora creo que no lo entendieron nunca, gentes tan vacías, tan normales, tan terriblemente normales.

Y es ahora, cuando lo veía llegar, a alguna cena, comida, tertulia... siempre discreto, como queriendo esconderse, ser uno más, pasar desapercibido, pero enseguida era reclamado para recitar; él se defiende diciendo que no lleva ningún poema y que tiene mala memoria para recordar pero en un instante aparecen como por ensalmo libros, folios y hasta calendarios con sus versos. Ahora recita sus poemas taurinos ‘Sombrerín’ los lances en su boca se hacen eternos, esculpe las verónicas con temple emotivo y en una apretada chicuelina nos hace contener la respiración y así va recorriendo las suertes, los tercios, entredice aquí alguna chorrada, algún chascarrillo, pícaro las más de las veces y entonces, se le encienden los ojos arrojando chispas centelleando en el éxtasis, se para, coge aire y finaliza apoteósico, tengo que reconocer que en alguna ocasión estuve tentad de pasearlo a hombros, como a una figura que era.

‘Sombrerín’ un gran taurino, irrepetible personaje leonés y sobre todo, un buen hombre.

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