Cuando cuatro no es suspenso
No siempre el cuatro conlleva suspenso. Cuatro goles recibió el Barça del París Saint-Germain. Aquí cuenta como sobresaliente. Hay a quienes les hubiese gustado que aún hubiesen sido algunos más. No. Una goleada mayor del PSG habría sido darle argumentos a Marine Le Pen para que siga creyéndose Napoleón. A este columnista jamás se le ocurriría mezclar fútbol con política, si no fuese porque el separatismo catalán lo hace a diario. Ahora bien, en esto te llevas sorpresas. Gabriel Rufián, portavoz de ERC, es periquito y de la selección española. Le hacíamos más del Dinamo de Moscú. El pasado miércoles, en la sesión de control al Gobierno habló de «conspiraciones del Conde Duque de Olivares desde los despachos». Debió de liarse con las fechas y creer que el valido de Felipe IV era del PP. «Y del Real Madrid», habrá apostillado Oriol Junqueras, historiador en agravios inventados. Qué manía con hacer de la historia un sayo. Tampoco lo eran el Cid y Ramones. Rajoy contestó con retranca a Rufián: «Al oírle a usted me viene a la cabeza aquello de que en política no hay absurdo imposible». Y tanto que no lo hay. El PSOE ha propuesto el DNI bilingüe. Del absurdo imposible a la chorrada manifiesta no hay más que un paso, ni siquiera cuatro. Y aún estamos en febrero.
No admite ya bromas la agresión del presidente del Unión Deportiva Santa Marta contra el padre de un jugador de la Cultural, en juveniles. Al parecer, en ambos lados hubo actuaciones impropias. Política y fútbol en las democracias tienen en común que teatralizan rivalidades que, en realidad, no lo son tanto. Mera catarsis. En el fondo, madridistas y culés nos queremos. Del mismo modo, Pablo Iglesias cualquier día puede conocer a una diputada del PP y sentar la coleta. Ya dijo don Mariano que en política no hay absurdo imposible. Más o menos. Casi. ¡Ay!
Sí, en este caso cuatro no fue cate, sino notaza. En cambio, al energúmeno que insultó en la calle a la fiscal jefe de Barcelona, Ana María Magaldi, esos goles debieron de parecerle alta traición. Otro que cree madridista y del PP al Conde-Duque. Y con retraso, el Madrid nos regaló por San Valentín una victoria sobre el Nápoles. Aquí tres tampoco contó como suspenso.