Dos nombres recuperados
La historia nunca debe darse por cerrada. Está haciéndose permanentemente. Las circunstancias pueden hacer tambalearse los ejes sobre los que gravita. O, simplemente, llegan nuevos nombres y sucesos para ampliar o enriquecer el discurso del tiempo. Solo hace falta estar atentos y saber interpretarlos. Los especialistas han de encargarse de contextuarlos, valorarlos y situarlos en el espacio y el lugar que merecen. Antes de nada, sin embargo, han de aparecer sus figuras. Tal es el objeto de estas líneas, poner bajo los focos de la realidad dos nombres propios cuyo rastro ni siquiera aparecen referenciados en ninguna, que yo sepa, de las obras que nos acercan al conocimiento de la realidad leonesa. La clave está en el libro que José Domingo Cuadriello escribió sobre Los españoles en las letras cubanas durante el siglo XX.
La interesante historia de los leoneses en Cuba está aún sin escribir. Es bueno subrayar que intelectuales y escritores forman parte de esa historia. Conocemos la presencia en la isla caribeña de Herminio Almendros Ibáñez, que, aunque albaceteño de nacimiento, dirigió durante un tiempo la Escuela Comercial Agrícola de León, donde se casó, y que desarrolló una intensa actividad en Cuba como pedagogo, escritor, editor y promotor cultural. O la de la figura emblemática del agustino omañés David Rubio, que residió durante dos años allí y colaboró en varias revistas, entre ellas El Debate y San Antonio. Y otros varios personajes, de los que se ha hablado en algún momento.
Dos son los nombres que deseo incorporar a esa nómina felizmente incompleta. El cacabelense (1905) Francisco Vega Núñez, que con un bagaje cultural extraordinario —fue doctor en varias disciplinas—, llegó a La Habana a finales de los años veinte y mantuvo una intensa labor social y pedagógica, también como directivo de la Colonia leonesa. Siempre reconocido por sus dotes como orador, en 1932 publicó Mis primicias oratorias. Seis discursos pronunciados en el Centro Castellano.
Llegó a La Habana muy joven Manuel Reguera Gallego (León, h. 1895), y sabemos que aún residía allí en 1951. Aunque, al parecer, sus poemas no están recogidos en libro, fueron muchos los publicados en periódicos y revistas. Fue incluido en Los argonautas (1924), una antología de poetas españoles en Cuba, compilada por el poeta asturiano José María Uncal, entonces residente en la isla.
Queden aquí escritos sus nombres. Por si acaso.