cartas al director
Sacerdotes educadores
Q uede meridianamente claro desde el principio que no disculpo de manera alguna los abusos sexuales y pido que se sancione como marque la ley a quienes los cometieron en el Seminario Menor de La Bañeza, porque es un delito gravísimo que no se puede consentir y que se debe erradicar.
Y ahora permítanme también dejar claro que yo estuve cuatro años interno en el centro educativo bañezano, como dos de mis hermanos, algunos familiares y un importante número de amigos en diferentes épocas. Hemos hablado y coincidimos en que ninguno fuimos testigos de abusos sexuales cometidos por sacerdotes. Durante mi estancia el único caso fue el de un profesor seglar, A.S., que fue expulsado de inmediato por los responsables del centro precisamente por cometer ese tipo de abusos.
Quiero decir con esto que se debe valorar en su justa medida la labor educativa que desarrollaron muchos sacerdotes en el referido seminario con miles de alumnos que poblaban sus aulas, procedentes prácticamente de todos y cada uno de los pueblos de la extensa Diócesis de Astorga. Allí nos formaron como personas y aprendimos algunos valores de los que actualmente adolece la sociedad. De ello dan fe la ingente cantidad de importantes puestos de responsabilidad en diferentes ramas de las artes, las ciencias, las letras, la política, los deportes y la sociedad en general que han ocupado y ocupan algunas personas que estudiaron en sus aulas.
Aunque parece que actualmente no interesa hablar públicamente del tema, la labor de la Iglesia con la infancia y la juventud es algo impagable que ha tenido y tiene reflejo en multitud de actuaciones destinadas no sólo a educarlas y protegerlas, sino a paliar situaciones extremas de pobreza, curar sus enfermedades y lograr que sus derechos sean reconocidos. Por eso, y al igual que sucede con otros estamentos de la sociedad, no se puede juzgar a todos los sacerdotes que dignifican su profesión porque algunos, en contados casos, no fueran capaces de hacerlo y hayan cometido acciones totalmente reprobables de las que han hecho víctimas a seres indefensos con los que me solidarizo y a los que expreso mi apoyo para ayudarles a sobrellevar el sufrimiento que padecieron y padecen.
Juan BauTista Rubio
Nistal. la bañeza
Sanidad pública
D espués de dos años de operaciones, tratamientos, pruebas y consultas medicas quiero manifestar que a pesar de todos los consabidos recortes y privatizaciones que sufre la sanidad pública en este país, los profesionales por los que he tenido la suerte de ser atendido son como la palabra lo dice ¡profesionales! Por eso, desde aquí, quiero agradecer a los servicios de cirugía, hospitalización —muy especialmente a María Jesús y Begoña—, oncología y tratamientos —donde las enfermeras son un encanto—, radioterapia, radiólogos, endoscopistas y todos los demás profesionales del Hospital Universitario de León. Gracias a todos y ¡sanidad pú-bli-ca!
gabriel fernández viñuela. vega de gordón
Educación es derecho y deber de la familia
Y la escuela construye sobre esa educación fundamental. Toda la sociedad, el entorno próximo y remoto educan y deseducan a la vez. Ello es una razón de más por la cual el medio educativo por excelencia solo puede ser ¡y es! la familia.
Derecho y deber primigenio, extensivo (e intensivo), originario y original. Alex Halley lo dice así: «La familia es nuestro refugio y nuestro trampolín, basados en ella podemos avanzar hacia nuevos horizontes».
La familia es umbutu —palabra de la lengua Xosha que significa todos a una y yo soy porque nosotros somos— . Sólo en la familia se da por naturaleza el umbutu. En otros ámbitos o grupos se puede dar pero no por naturaleza sino por afinidad, consenso o acuerdo.
¿Por qué habrá tanto empeño actualmente en destruir la familia? El «valor familia» es el mayor capital que la sociedad puede tener. Todas las otras formas de capital (humano, social, cultural,…) provienen del original que llamamos familia; así lo expresa Marcia Barlow. Ese valor es un conjunto de medios, recursos y estrategias que forman la vida familiar con una inmensa influencia positiva en el futuro de los niños, de las personas. En última instancia es un capital que sirve a todas las comunidades y naciones.
Y, sin embargo, hoy se combate, se socava y se trata de destruir ese capital que nutre sin cesar a toda la sociedad. ¿Qué es lo que impulsa a gobiernos, partidos, lobbies, muchos medios de comunicación y muchos otros agentes di-sociales a tratar de destruir la familia hoy día?
La comunidad internacional acepta, reconoce y cuenta con la primaria, principal e insustituible aportación de la familia. En los objetivos del desarrollo sostenible (SDG, por sus siglas en inglés) hay varios de ellos cuyas estrategias para alcanzarlos se basan en la familia, y sólo a través de ella se pueden abordar, por ejemplo: la educación de los niños, la igualdad de género, la reducción de la pobreza, etc. Sorprendentemente, hoy la ONU, que diseña y (supuestamente) promociona esos objetivos, es una agencia que pone más recursos de personal y medios en la destrucción de la familia que en su defensa y protección. Y esto a pesar de que en sus principios y estatutos consta la defensa de la familia.
Las investigaciones en ciencias sociales indican que el factor «ausencia de padre» es el más frecuente en los peores problemas sociales del mundo. La pobreza rampante y la mala educación generalizada son muestras incuestionables de ello.
Unicef propone a los gobiernos que cuiden de los niños… «y la mejor forma de ayudar a los niños es, en primerísimo lugar, prevenir que las familias se rompan». Liberar las mentes de los niños de la violencia, del odio, de estereotipos, de TV y otros horrores, sólo los padres en familia pueden hacerlo de verdad y convertir esas mentes infantiles en diálogos de belleza.
Esto viene a cuento de que en el Parlamento español se ha creado una comisión encargada de hacer los planteamientos (políticos por supuesto) para la «ultra-reforma» de la enseñanza que llaman «educación». ¡Atentos, padres, familias, sociedad, escuela… mucho cuidado con lo que viene! ¡Son políticos! y quieren «educar» a nuestros hijos contra la familia (y contra la escuela, por descontado).
isidro garcía getino. león