Publicado por
Gumersindo Vieira Fernández profesor
León

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E l expresidente Artur Mas ha visitado una universidad norteamericana para intentar sembrar su ideología de promover la celebración de un referéndum en Cataluña. Un oyente catalán le argumentó que a día de hoy las encuestas son desfavorables a los independentistas. Mas replicó que siendo él demócrata y otorgando que también lo fuera el interlocutor, no había ningún problema: «que se sometan los dos a las urnas y que éstas decidan».

A estos juegos de ruleta rusa, sólo recurren los perdedores; o sea los que no tienen nada que perder. Mas no pierde nada en el embate: no tiene nada y por ello no pierde. Mas juega con trampas e incita al interlocutor a entrar en un juego con apariencias de neutralidad pero que no la hay en dicho juego.

Pero además Mas comete otra falacia. Da por hecho que un referéndum sea la expresión sublime de la democracia. Al ex presidente, le podemos sugerir que nos explique la naturaleza de la asignación de escaños en el parlamento catalán. El hecho es que «por población» a Barcelona le corresponden más escaños que a Gerona, y proporcionalmente a la población de una y otra, no es así. Se diría que eso es una injusticia, pues los barceloneses necesitan muchos más votos para tener un representante en el parlamento catalán de los que precisan en Gerona. Cualquier demócrata se escandalizaría de esta desigualdad manifiesta e injusticia que se comete con los barceloneses. Algún demócrata más avisado explicaría la situación («aparentemente abusiva») como fruto de un reparto establecido así en la ley electoral. Y este descubrimiento nos lleva directo a la constatación «de que lo democrático es lo que la ley establezca». Que los barceloneses tengan esa desventaja, no es antidemocrático. Las urnas, Sr. ex presidente de la Generalitat, no son demócratas ni antidemocráticas. Son las leyes. Lo repito por si acaso —tras años en la profesión— lo ignora. Así que mientras no haya una ley que regule la celebración de un referéndum, el referéndum que usted plantee será «antidemocrático», como fue antidemocrático Hitler arrebatando el gobierno, que no había ganado en las urnas.

Cuando es la ley la que hace democrático un referéndum, póngase usted a temblar, Sr. Mas, porque puede ser que:

—Nunca se promulgue esa ley de referéndums.

—Imponga una participación mínima de electores.

—Imponga una mayoría cualificada (2/3) del censo.

Esas mayorías las tiene establecidas usted en el Estatut también, así que no le extrañará que se impongan en un envite de más entidad, peso y transcendencia que la aprobación del cambio de nombre de una calle de Barcelona. Incluso se puede establecer que el resultado sea favorable en tres celebraciones consecutivas de referéndum distanciadas entre sí por un lustro. Un referéndum de este calibre no puede ser fruto de un calentón momentáneo. Por algo más que en aras de la neutralidad, la Generalitat tendrá que salir de su cubil y dejar de liderar la independencia. Ninguna institución dependiente del Estado podrá liderar un proceso de independencia, por lo cual la Generalitat pasará a una cuarentena de 10 años antes de celebrarse un referéndum neutro y democrático.

No se podrá acusar al articulado del referéndum de antidemocrático, pues no llega a alcanzar el celo de los independentistas en la prosecución de sus aspiraciones.

Por otra parte, la protección de la ciudadanía le impone ese cometido.

Como ve, vale más el ropaje del referéndum que el propio referéndum.

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