Diario de León
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ernesto escapa
León

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Tuvo que pasar un siglo para que los astorganos encajaran como propio un edificio que actualmente representa su imagen más conocida, formando silueta con la catedral renacentista. Se trata del palacio episcopal que el arquitecto Gaudí trazó para un efímero obispo catalán y que por disputas y malos entendidos con los cabildos astorganos dejó a medio construir. Le dio remate y le puso casquete el arquitecto Ricardo García Guereta, más tarde identificado como el tercer hombre imprescindible para culminar el traslado de los claustros salmantinos que desde finales de los años cincuenta adornan la finca Mas del Vent en Palamós. Según el historiador del arte leonés Gerardo Boto, aquel claustro lo montó en la Ciudad Lineal madrileña el anticuario zamorano Ignacio Martínez, quien hizo varias compras de piedra a la catedral de Salamanca en 1917. Por entonces, era arquitecto diocesano en Salamanca García Guereta, llevado allí desde Astorga por el obispo Alcolea.

Esta semana la consejera de cultura y Turismo Josefa García Cirac, hija de un leonés de Riego de la Vega, inauguró el proyecto Palacio Escondido, puesto en marcha con motivo del centenario, para rescatar ese veinticinco por ciento de espacios palaciegos previstos para funciones residenciales y de intendencia ya sin servicio. Miguel Cabezas, de imagen Mas, dirige la gestión turística de este palacio, cuyo descubrimiento justifica sobradamente repetir la visita a Astorga. Porque ahora sí es posible apreciar con deleite las audacias del legado de Gaudí, desde su espectacular pórtico de entrada a las terrazas, con vistas de ensueño sobre la muralla, la vecina catedral y el horizonte cepedano. Parte de las reticencias astorganas hacia este palacio tuvieron que ver con los tiempos sombríos de la guerra civil, cuando se usó como recinto de torturas, permaneciendo luego inservible hasta los arreglos de Regiones Devastadas. Hace ahora algo más de medio siglo, se instaló en el palacio el Museo de los Caminos, poblando sus salas arboladas y luminosas y sus bodegas capitulares con imágenes, platería litúrgica y lápidas votivas. Mi preferencia personal del recinto es la capilla y en ella las vidrieras de Modesto Sánchez Cadenas.

Aledaño al palacio se yergue sobre un pináculo catedralicio Pedro Mato, símbolo maragato de hazañas apócrifas. Aunque la de Astorga no es una de nuestras grandes catedrales, sí pertenece al segundo nivel, lo cual en este paño ya es mucho decir. Sus obras se iniciaron a finales del quince, prolongándose hasta los años sesenta del pasado siglo, cuando se concluyó su torre grisácea. La fachada barroca y el retablo mayor de Gaspar Becerra son las joyas del templo, que cuenta con un museo poco visitado pero con piezas excepcionales.

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