Diario de León
León

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En el umbral de la puerta de aquella primavera también nevó. Los copos se levantaron entonces al paso furioso de los mineros de la MSP que enfilaron el camino a Madrid para reclamar un futuro. Se acababa de descolgar la jaula de la Herrera II en Hulleras de Sabero para arrastrar al pozo a toda una comarca en el otro extremo montañoso provincial y, desde ese momento, la reconversión era un eufemismo al que se podía empezar a poner cara. No quedaba más tiempo que perder. Laciana se levantó como castillete de toda una provincia que se puso en marcha con el orgullo trepado a la espadaña de los cascos blancos del medio millar de picadores que retaron al Gobierno. Fue una gesta que mereció la pena. Aunque era temprano todavía para entender lo que vendría después. Demasiado pronto para aventurar este escenario que, 25 años más tarde, descubre el mismo paisaje nevado, sin nada ya apenas por lo que luchar tras un cuarto de siglo en el que se resume uno de los mayores fracasos colectivos de la historia de León.

Pudo ser un principio aquel marzo de 1992, pero terminó por convertirse en un final con paliativos. Este cuarto de siglo de distancia y 35.000 habitantes menos dejan la derrota de unas políticas que no han servido para defender el carbón como sector estratégico —tiempo habrá de acordarse— y que tampoco se aprovecharon para definir la reindustrialización que pregonaban las subvenciones europeas de los charlatanes vendedores de crecepelo. Lejos de lograr alternativas, en este cuarto de siglo los Miner han servido para dar coartada a la Junta, que se ahorró la inversión propia en proyectos en lugar de aplicar el dinero de la UE como adicional de acuerdo a sus objetivos, y para configurar un catálogo de actuaciones sin ninguna rentabilidad económica al arbitrio de los partidos políticos y alcaldes de turno. Ahí quedan los pabellones deportivos en los que no hay quien juegue, las plazas de pueblo alicatadas en mármol hasta el techo para lucir en la fiesta un día al año, las calles reasfaltadas sin que hubiera dado tiempo siquiera a que pasaran coches para desgastarlas, los paseos acondicionados que ya no queda quien pueble y un puñado de polígonos industriales que languidecen con honrosas excepciones empresariales. Poco más. Ese era el futuro por el que se puso en marcha León hace 25 años.

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