Diario de León

LEÓN EN VERSO

Si volvieran las legiones

Luis Urdiales
León

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Amilivia lapidado contra los muros de las lamentaciones de los edificios modernistas del chaflán de la calle Ancha es una carta a los Corintios de la peatonalización de Ordoño; emblema, divisa, señuelo de León. También la avenida, centro neurálgico, más que nunca, abocado a una polémica que en otro lugar sería consomé, pero aquí se engulle como el sebo con patatas. A ver si alguien se creía que en León algo iba a ser posible mientras el espíritu de un corregidor se retuerce mártir en las mazmorras y troneras de las torres de Botines tras creerse inmortal en la simple idea de colocar dos raíles de tranvía en Padre Isla y quitar los coches de Fernández Ladreda (lo que equivalía a invitar a los visitantes a darse la vuelta antes de entrar). Si obviamos que los reveses sólo se le presentan a la gente que puede enfrentarlos, Ordoño es un Gólgota; un ejemplo permanente de que los problemas, en política, no se solucionan; se subsidian. No ha lugar a abrir debate sobre las razones que llevan al firme de baldosas a ser más inestables que el agua en una cesta, ni al hilo de las recargas de hormigón que siempre venía de las mismas hormigoneras, porque es harina de otro costal y no es apropiado hablar ni bien de los vivos ni mal de los muertos. Cuando vuelvan, las legiones desfilarán por Ordoño. Por sabido es historia; contemporánea, pero historia en la vida de los leoneses, que conocen al dedillo lo que ocurrió en la ciudad desde que el subterráneo hocicó en las entrañas de la urbe. Por eso no vale cualquier remiendo para el descosido. No pensaría Silván que la progresía le iba a permitir levantar, y gratis, un monumento a la posteridad con su nombre a pie de placa con un simple gesto que, algunos, ya han propuesto resolver con dos jardineras cruzadas en los extremos, a la entrada de Guzmán y a la salida de Santo Domingo. Ya si eso, los que viven en Alfonso V, Alcázar de Toledo o Gil y Carrasco que se apunten a una guerrilla. Ni que conservadores y burgueses de pernada concederían el beneficio de la duda a la ocasión tan tentadora y leonesa de agitar escaleras, por si alguien está en tránsito; suba o baje. Cuidado con las herencias y esa fina línea en la que se mimetizan con los legados; por menos, le quitaron al estadio de fútbol el nombre del abuelo de Amilivia.

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