TRIBUNA
El P. José Luis Marbán, agustino de Corbillos
E l día 26 de marzo llegó la luctuosa noticia de la muerte del P. José Luis Marbán Santamarta, cuyo funeral se hizo el día 27 en la capilla de los agustinos en Palencia con gran concurrencia de miembros de la Orden de San Agustín, familiares y amigos. Había representaciones de otros institutos, como el Teresiano del P. Poveda, al que pertenece su querida hermana María Jesús, que fue como su ángel de la guarda durante las vacaciones y le visitaba frecuentemente en la Residencia Especial (RAE) en Palencia, donde llevaba 17 años bien atendido y con un desmejoramiento que era ineludible. No llegó a perder el conocimiento hasta su fecha de caducidad que tenía fijada por Dios, aunque se dilató durante más de 20 años. Cuando le visité por última vez hace dos años, estaba tan desmejorado que no le conocía y él me alargaba su mano y sonreía agradeciendo la visita con un abrazo fraternal y muestras de afecto.
Nació en Corbillos de los Oteros el año 1931 con el semblante de su padre y el encanto de su madre, ambos eran muy religiosos y deseban que sus hijas e hijo se ofreciesen al Señor. José Luis tomó el hábito agustiniano en 1952 e hizo la profesión solemne en 1952. Fue ordenado sacerdote en 1955 y celebró el cantamisa muy solemne en Corbillos, donde fomentó las vocaciones religiosas y sacerdotales con su alegría.
Después de estar en Santander (1955-1956), Salamanca (1956-1957) y Palencia (1957-1960), fue destinado a Italia en 1960 con el P. Manuel Angel Andrés Alegre al seminario y parroquia de Borgo a Burgiano, convento de Santa María in Selva, en la Toscana, donde realizó su mayor actividad docente y pastoral. Era también confesor de unas religiosas de la Santa Cruz y asesoró a varios agustinos estudiantes en Roma Se hizo querer de tal manera que hasta le regalaron un coche, con el que vino al entierro de su padre en agosto de 1969. En marzo de 1970 se encontraba en Cádiz donde, al visitarle de paso, me retuvo tres días para que viese no sólo esa ciudad sino también los lugares próximos dignos de visitar. Surgió una buena amistad y pasamos ratos muy agradables, como de la misma familia, mientras me hablaba de la Sábana de Turín o Santo Sudario. Llegó a conocer muy bien el italiano y tradujo al castellano La Regla de San Agustín por el P. Agustín Trapé, publicada por la Editorial Religión y Cultura, en Madrid el año 1978. Escribía con soltura y lozanía, sin llegar a explotar estas dotes, al dedicarse más bien a charlas, dirección espiritual de religiosas y docencia en la parroquia de Moratalaz (1970-1973), en Talavera de la Reina (1973-1982), Roma (1982-1984) y Madrid (1984-1988); volvió a Talavera en 1988 y a Madrid en 1989, siendo destinado a la Residencia de Cuidados Intensivos en Palencia el año 2000.
Volvimos a reencontrarnos en Corbillos de los Oteros en las vacaciones de 1996 y un día, después de concelebrar en la iglesia de su pueblo, le invité a visitar de nuevo la Villa de Campo que ya conocía para ir a la playa de Benidorm de Zamora. Le hizo gracia lo de esta supuesta playa de San Cristóbal de Entreviñas, a donde llegamos para pescar cangrejos. Aunque ya andaba un poco renqueando, ese día saltaba como un corzo cuando, al sacar los reteles llenos de cangrejos, se caían algunos. Salió fuera uno grande y «patáncano» de los antiguos que al cogerlo, le pellizco la mano y se quejaba. Se sorprendió cuando le soltó al apretarle al final de la cola. Luego se reía con gozo.
El P. José Luis Marbán Santamarta fue un buen religioso y un regalo de Dios para los que le conocimos y tratamos. Sufrió el purgatorio en su larga enfermedad que no le resultó penosa, porque vivía con la alegría de la fe y la esperanza en la otra vida. Al celebrar la misa comunitaria el día 27 en el Colegio san Agustín de Zaragoza, más que rezar por él, me encomendaba a su protección. Se da gracias a Dios por el regalo de su vida llena de merecimientos con su cercanía, gestos amables e inquietudes sobre el Santo Sudario, la resurrección, etc. Que descanse en paz celestial. Se lo merece.