Diario de León
Publicado por
JUAN CARLOS FRANCO
León

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Suele pasar que sólo cuando uno echa la vista atrás se da cuenta del tiempo que ha pasado y las raíces que ha echado en un sitio. Por lo general, esta mirada al retrovisor está motivada por un fogonazo que, como es el caso, te remonta a tiempos que habías borrado de tu memoria: no por nada en concreto, sino porque, finalmente debe ser cierto eso de que el saber sí ocupa lugar.

Una vez que ese flash se produce, empiezas a tirar de un hilo conductor que creías perdido. A él te agarras para recuperar megabytes en imágenes. Recuerdos. Algunos en blanco y negro, como los que estos días me han tenido ocupado después de que saltase a la palestra que el juzgado investigará la creación y liquidación de la sociedad municipal Campo de San Bartolo. Es éste un enclave vinculado a mi ser con pantalón corto. De instituto y bicicletas; y, también, con el paso de los años a un proyecto que hace que recupere a personas ya desaparecidas: Morete (se gestó por la persona que le sucedió al frente del consistorio cacabelense), Garay,...

Personas que conformarían lo que algunos han dado en llamar, no con poca carga peyorativa, ‘rostros de siempre’. Personas que, como es el caso de la adalid del sanchismo en la comarca, creen que a ‘estos rostros de siempre’ les ha venido todo regalado. Generalizar suele llevar aparejadas no pocas injusticias... Por eso debería haber conocido a ‘rostros de siempre’ como el de don Antonio. Todo un personaje, capaz de ponerte al día de la realidad del periodismo de trinchera. De ese que se mascaba en la calle de un pequeño pueblo. Y sólo necesitaba una tarde de un frío invierno mientras compartíamos petaca con la excusa de un partido de la Unión, para enterrarte todo lo aprendido en cinco años de carrera.

Es lo que tiene portar la pancarta. Los ánimos de los tuyos te ciegan y sueles fajarte con el enemigo, sin reparar en la tropa que te alienta.

Rostros de siempre dice. Algunos de estos no se los cambiaría por nada del mundo, y mucho menos por esos prometedores jóvenes de titulación cum laude recién impresa, pero sin el más mínimo conocimiento del valor real de las cosas.

Rostros de siempre... no debería buscar demasiado lejos para lanzar su próxima crítica.

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