TRIBUNA
Los héroes de Vegamediana (Cistierna)
D esolación y abandono. Barracones vacíos, como campos de concentración de posguerra. Techos hundidos. Fosos con aguas estancadas. Cristales rotos en las ventanas y por los suelos. Puertas que se abren y cierran con chirrido inquietante al ritmo que marca el viento abrileño. Inútiles hornos que ya no secarán más carbón. Tres enormes chimeneas aún desafían al cielo, ya inofensivas, sin humos contaminantes. Han desaparecido de la negra montaña los antiguos «baldes» que, enganchados a unos potentes cables, transportaban y vertían los restos inservibles del carbón sobre la otra ladera, casi encima del río Esla. Aún no se había inventado la ecología ni el cuidado del medio ambiente. Era el teleférico cutre que se divisaba desde la carretera, a la salida de Cistierna. Era la imagen exterior de la actividad minera que se desarrollaba al otro lado del monte.
El complejo minero de Vegamediana es hoy la viva imagen de la soledad. Las abandonadas edificaciones son el símbolo de la depresión de la comarca de Cistierna, que siempre vivió —y muy bien— de la mina y sus derivados, y que ahora se ha visto obligada a reciclar su actividad económica hacia otros productos más rentables y limpios, como el turismo, la hostelería o industrias conserveras, entre otras.
La visión de los tristes y huérfanos pabellones de Vegamediana evoca la vida de los años cuarenta, cincuenta y sesenta del pasado siglo, en plena actividad. Allí dejaron la salud cientos de obreros de boina y fiambrera. Respirando humos eternos ocho horas al día, soportaban temperaturas infernales dentro de los hornos, y las humedades permanentes del vecino Esla. Mal vestidos y peor calzados, aguantaban los hielos y las nieves, con termómetros bajo muchos ceros, en crudos inviernos de seis meses, con orientación norte y una montaña a sus espaldas que les ocultaba cualquier rayo de sol. Y sin rechistar, no fuera que a estos riesgos laborales se unieran los riesgos ciertos del cuartel de la Guardia Civil. Todo por un mísero sobre mensual, y un par de botellas de sidra y media docena de naranjas por navidad.
Habría que levantar un monumento a aquellos héroes, los héroes de Vegamediana. La comarca de Cistierna se lo debe. Y Hulleras de Sabero y Anexas, S.A., también.
Como alternativa se podría rehabilitar una parte de las obsoletas instalaciones y convertirlas en otro museo minero, para que permanezca viva la memoria de unos hombres que, a costa de su salud, contribuyeron a crear mucha riqueza en toda la montaña leonesa.