NUBES Y CLAROS
El silencio
A los planes inversores del Gobierno central en el medio año que queda de ejercicio les responde en León el eco. Su propio y tenue eco. No se recuerda año de tanto silencio como respuesta a los proyectos, o los no proyectos, que tienen que ser dotados económicamente para armar el futuro que tan complicado se presenta para esta provincia. Ni los parlamentarios populares han salido a la palestra para defender las cuentas que pretende su partido ni los de la oposición han dado señales de haber llegado a alguna conclusión sobre las pérdidas o beneficios que las menguantes inversiones anunciadas puedan suponer.
Inexplicable. O el pulso de este León está ya tan débil que ni quienes se llenan la boca en mítines y ante micrófonos tienen ganas de entrar al trapo, o aquí anda cada uno tan ocupado mirando su ombligo que no encuentra tiempo ni fuelle para analizar el interés común al que se supone que están encomendados.
Mucho de esto último hay. Los dos grandes partidos andan muy pero que muy enredados con sus intrigas internas, más pendientes de las zancadillas que acechan dentro que de los recados que tendrían que recoger de fuera. Tanto preocuparse por qué ombligo es el que queda mejor posicionado para el futuro que a poco que se descuiden no van a tener futuro que beneficiarse.
El resto del arco político parece andar todavía más despistado. Teniendo en cuenta que no van a tener responsabilidad de gobierno, al menos podrían lucirse con los acostumbrados brindis al sol.
Pero de momento sólo hay nada. Confiemos en que todos estos guardianes de la cosa pública en la provincia estén escudriñando las cuentas propuestas para librar batalla en la tramitación de las enmiendas, que a falta de mayorías de rodillo tienen mucho juego que dar, en teoría.
Es verdad que el presupuesto de este año tendrá como mucho seis meses para ser ejecutado. Pero no es menos cierto que las cuentas públicas tienen planificaciones plurianuales, es decir, hablan tanto de realidades como de inmediatas intenciones inversoras.
Mucho de nuestro futuro está ya escrito en ese montón de papelajos a los que parece que, por estos lares, nadie quiere mirar a la cara.