LA LIEBRE
Agua va pa’ Castilla
Antes de que saquen a hombros a la Virgen del Castro para rogarle al cielo lo que no se gana aquí, quizá sea bueno refrescar el capítulo que encabeza la historia provincial de la infamia. Ahora que no llueve, conviene acudir a las doce campanadas de la Nochevieja de 1987 en la que se cerraron las compuertas de Riaño con el valle y sus pueblos dentro, con su potencial y sus paisanos condenados, y luego pasear la vista por el futuro que se anunciaba al sur de las tierras que alfombran los capilotes. Mejor que nunca hoy, 23 de abril, que dicen que es fiesta, se debe recordar aquellas promesas del nacimiento de un vergel en las más de 80.000 hectáreas de los Payuelos y comprobar, 30 años después, la realidad del resultado del sacrificio territorial y humano que se hizo. Sólo hay que seguir la senda para encontrar el delito. No cuesta mucho trabajo tirar por el canal de Arenillas de Valderaduey adelante y comprobar cómo corre el agua trasvasada camino de Castilla.
Esto lo sabemos ahora que vemos en plena sequía cómo se van 14 metros cúbicos por segundo hacia Palencia, igual que se sabía entonces. Pero para llegar aquí se empezó por aquel cuento de Jaime González, entonces consejero socialista de Agricultura, que fiaba 22.000 de las 80.000 hectáreas de Payuelos a la construcción del pantano de Omaña. Eran muchas aún, por lo que se hizo una encuesta trampa a los propietarios. Apenas resistieron 38.000 hectáreas después de la encerrona de retraso urdida con el concurso del popular Lupicinio Rodrigo. El presidente de la comunidad de regantes y diputado provincial cumplió con su papel de obstáculo a la modernización de los regadíos, en la que ahora apenas están inmersas 11.000 hectáreas, a pesar de los más de 300 millones de euros inyectados por Zapatero para el Canal Bajo. Todas esas tierras, más parte del Páramo Bajo y la margen izquierda, son las que fija el Plan Hidrológico Nacional que atendería Riaño. Pero con la maniobra, el camino quedó abierto para justificar la aportación al Carrión y desde ahí, Canal de Castilla por medio, a las estructuras productivas palentinas y vallisoletanas e, incluso, a proyectos como la balsa de Villalón de Campos que se autoconstruyó el entonces presidente de la CHD, José Valín, en su pueblo. Allí, no ha hecho falta que los agricultores inviertan en modernización. Les ha servido el principio de la hidráulica: el agua siempre va para abajo y las ostias para los mismos.