Diario de León
Publicado por
JOSÉ MARÍA PRIETO SERRA ESCRITOR Y EXPERTO EN MÁRKETING Y COMUNICACIÓN
León

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O s lo habéis llevado todo y, lo que es peor, no paráis. Esto es un sin vivir, un no parar. Al principio no se le da importancia. Las mentes buenas piensan que será, quizá, una situación temporal, una excepción, algo puntual, pero qué va. Esto era, es, la norma lo de todos los días o casi. Y eso, como diría el castizo, es demasié para el body.

Aunque no lo confesemos en voz alta, o sí, es una situación que produce vergüenza ajena. ¿Sabe usted que quiero decir, verdad?

Ponerse colorado por un acto no cometido por nosotros pero que, al conocerlo, la rabia nos domina y el color de nuestra cara, aunque sea metafóricamente, es rojo, el sudor frío y la mente en blanco.

No hay día, no hay semana, no hay mes, que no nos sintamos sorprendidos, cuando no deprimidos, por lo que sucede a nuestro alrededor en ese campo maldito de la corrupción, que el talento de los políticos que tenemos, no sabe, no puede o no quiere o sencillamente no actúa pare evitar algo que ya llevamos como trade mark y que costará mucho quitárnoslo de encima.

¿Pero que forma de vivir es esta? A pesar de la opinión generalizada de la lentitud de la Justicia, los casos van cayendo como brevas maduras pero como es norma de la casa, aquí no pasa nada. Por citar los dos últimos que, con seguridad cuando estas letras vean la luz, desgraciadamente ya no serán los últimos (así de chulos somos nosotros), pero, por ahora, los dos últimos son los casos de Rato y González (Ignacio), me niego a llamarles señor, faltaría más. Estos dos individuos han vuelto a incrementar el ejemplo de quien se lo lleva por la cara. Por la cara dura que ostentan.

Pero esta gente, ¿qué clase de principios tiene, donde lo ha aprendido? Estos, como otros muchos, son de los que dicen, «usted, póngame donde haya que de coger ya me encargo yo».

Tontos no son. Son sencillamente unos cabrones a los que no les importa la tranquilidad o no del vecino o la imagen de su país. Ya no digamos de su partido. Ellos quieren lo suyo se consiga como se consiga. Lo demás no cuenta. Ande yo caliente y ríase la gente. ¿Por qué? Porque, en el peor de los casos, cuando se descubre, no devuelven lo que se han llevado y además como vengo diciendo desde hace años, aquí no pasa nada.

Lo aceptemos o no, somos, como país, un paraíso para el corrupto. Aquí se encuentran como el pez en el agua.

Que tristeza y que hartazgo.

Estamos hartos, de los Gurtel, estamos hartos de la Púnica, estamos hartos, de este caso y de el de más allá, de los dos millones de nombres con los que se ha bautizado a ese tipo de trampas económicas que llevan a quedarse con el dinero ajeno.

Estamos hartos de los nombres, pertenecientes a personas creídas honradas y honestas y después descubrir su podredumbre, y categoría de actores capaces de negar lo innegable sin torcer el gesto. Eso es lo que tenemos al lado y eso es lo que nos tiene hartos.

Estamos hartos de los jueces que «ven» exactamente lo contrario de lo que ve la población normal. ¿Es que todo el país está loco? No hombre no. El país es un país mucho mejor que lo normal pero sufriendo por lo que tenemos en los puestos que deciden. Así no iremos a ninguna parte. Se nos ve el plumero. Muy buenos en deporte y en algunas disciplinas individuales pero cuando hay que decir manos a la obra, desgraciadamente las manos van a otro sitio.

La gente está harta de mentiras, harta de lo que ve en televisión, escucha en la radio y lee en los periódicos siempre referido a los mismos. Harta de la corrupción, harta de las injusticias, harta de las promesas incumplidas, harta del engaño, harta de los impuestos, harta del paro mientras otros nadan en la abundancia no siempre honestamente conseguida, harta de no ver nunca el final de las desgracias, harta de estar harta.

¿Cuál es la solución?

¿No tienen solución para todo nuestros políticos? Pues que la pongan en marcha, por favor. Ya va siendo hora.

Y ahora, en medio de este maremagnum aparecen los del autobús alardeando de sus virtudes y defectos del adversario. ¿Es posible tanta desfachatez y tanto desconcierto?

Les confesaré algo. Estoy harto de todo.

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