AQUÍ TE ESPERO
Felicidades, Vidal
Permítanme que haga pública mi alegría y felicitación a José Vidal Luján y su familia. Hay mucho que celebrar cuando una empresa familiar leonesa llega a los cien años. Y Vidal Óptico —hoy también Multiópticas— celebraba ayer esta efeméride reuniendo a sus actuales trabajadores. Yo ya no lo soy, pero nunca podré olvidar que mi primer trabajo fue en esa casa del número 2 de Ordoño II. Y precisamente llegué en 1967, año en el que la empresa celebraba su cincuenta aniversario. Así que estos otros cincuenta años de mi vida los han marcado muchas de las cosas que aprendí en aquella empresa, cuyas maneras de hacer me calaron y he podido comprobar con los años que son excepcionales, y que si se implantaran en otras empresas también serían causa de éxito.
Como digo, llegué en 1967, justo cuando José Vidal Navares había empezado a dejar las riendas de la empresa familiar a su hijo Pepe Vidal, quien con su buen hacer supo aumentar el negocio. Se pasó de vender gramófonos, discos y aparatos de radio a los primeros magnetofones y cassettes, así como popularizar la fotografía con las nuevas cámaras Kodak y Werlisa. Poco después se decantaría por la especialización total quedándose sólo con la óptica, como había hecho en su empresa personal: Luján Óptico.
El proyecto de Pepe Vidal se basaba en las personas. Gordillo, el dueño del ultramarinos que estaba también en Ordoño, justo enfrente, en el número 3, decía que envidiaba a Vidal «porque tiene a las mejores dependientas, y además son guapas». Y aunque eso era verdad (entonces estaban Mariví, Covadonga, Esperanza, Puri y en Luján María y Pili) también es cierto que el trío de hombres era inmejorable: Antonio Ruiz, Jesús y Carlos López. Formabamos una familia y como tal nos trataban nuestros jefes, sin que ello supusiera merma en la exigencia de buen trato, responsabilidad e implicación que de nosotros se esperaba. A cambio tenía detalles que siempre agradecí y eché de menos después, cuando mi andadura profesional fue por otros derroteros. Como despedir el año en el sótano del Tirso’s brindando con champán, o recibir una tercera paga extra el día de san José. Además siempre estaba atento y antes de que pensaras que debías ganar más, te subía el sueldo. Visión de gran jefe. Por eso, Felicidades, Pepe Vidal, extensivas a tus hijos Nacho y Faustino que continuan tu labor.