HOJAS DE CHOPO
Más trigo
Llegó al ambulatorio con dolor. Cosa de huesos. «Volante para el traumatólogo». Gestionó la consulta. Dos meses. Si no se queda en el camino. Decenas de casos a diario. Todos saben que el problema no es médico, aunque algunos pongan aquí el acento, sino político. ¿Cuántos políticos están en las largas listas de espera? Ellos dicen que esto va bien. La gente de la calle, que va bien para ellos. Parece que se está haciendo una España para unos pocos, el peor de los axiomas políticos. El día, si alguna vez llega, que devuelvan tanta pastísima robada (no se puede poner una tirita para taponar herida tan grande y profunda), se solucionarán algunos problemas. Es hora de la voz civil, arrinconada y despreciada sistemáticamente, a pesar de su mesura, independencia y cordialidad didáctica.
En medio de este panorama desolador, los intereses, además de los propios, apuntan hacia cuestiones menores. Han salido en tromba, con la anuencia de las Cortes regionales, en defensa de los Decreta. Me parece bien. Pero uno se pregunta, sin malicia, dónde estuvieron hasta ahora, sometiendo tan importante documento y declaración al más duro de los olvidos y abandono (compárese, si no, con otros acontecimientos de mucho menor calado). Y si, como ocurrió recientemente, para llevar el agua a su molino (¿no deberían entonces estar aquí las Cortes, por lógica?) falseando la realidad histórica, se cae, o se defiende lo mismo que se critica. Las tradiciones, los sentimientos, las creencias, la historia están por encima de la política, a pesar de quienes quieren eliminarlas, tergiversarlas o apropiárselas. Los ciudadanos, conscientes de las dificultades, los prefieren comprometidos de verdad en la brega y defensa de la minería, en la inversión e instalación de industrias, en nuestra presencia en el Corredor Atlántico, en buscar alternativas que palíen la sangría poblacional, en ofrecer soluciones a los crecientes problemas sanitarios, en preocuparse de estar menos en sitios sin contenido real cuando hay una dolorosa situación económica y vital de tantas familias, en analizar con rigor si los templarios merecen una ruta, en buscar argumentos de progreso…, no polémicas endogámicas y estériles en definitiva. Más trigo, menos paja.
Desde hace tiempo no es que la razón parezca estar, está realmente secuestrada. La filosofía del «todo vale» llena el panorama de estragos. Dicha sea la cosa como presunta y metafórica. Faltaría más.