Reequilibrio no tan caro del Estado
S olamente desde un pacto a fondo, generoso, imaginativo, entre el Gobierno central, esté quien esté al frente, y los gobiernos autonómicos lograremos el reequilibrio del Estado, perdido tras años de abusos centrípetos y centrífugos. Hablo hoy, desde luego, del pacto presupuestario con el Partido Nacionalista Vasco, que, a base de un trato fiscal y económico que quizá otros podrían calificar de injusto, y otros llamaríamos poco transparente, permite sacar adelante, si nada imprevisto ocurre, las cuentas del Estado para este año.
Escucho algunos comentarios que dicen que el acuerdo con los vascos y, quizá, después con los canarios (para lograr el disputado voto del diputado Quevedo, de Nueva Canarias) «nos va a salir muy caro al conjunto de los españoles». Puede que sí: las ‘cesiones’ sobre el pago del cupo van a ser ciertamente onerosas, parece —porque no nos dan datos demasiado concretos—. Puede que también un pacto fiscal con la Generalitat catalana, al que sin duda habrá que llegar algún día, redunde en detrimento de las finanzas andaluzas, extremeñas o cántabras —el pugnaz presidente Revilla amenaza ahora con demandar al Estado por los débitos con esta Comunidad—. Puede que así sea. Incluso puede que probablemente sea así: habrá que hacer muchos números. Pero me da la impresión de que la inestabilidad permanente, la falta de una contabilidad exacta de los dineros territoriales, los indudables abusos autonómicos y locales, habrán de costarnos, a medio y largo plazo, mucho más que los arreglos fiscales y económicos bilaterales a los que el Gobierno central tendrá que llegar para reequilibrar de una vez un Estado cada vez más desequilibrado.
¿Ejemplos? Hay muchos. No, no puede ser que el vicepresidente de un Gobierno autonómico que ha establecido decenas de ‘embajadas’ por el mundo se lance por su cuenta y riesgo a recorrer, con el trompeterío mediático que suele, los Estados Unidos en busca de inversiones para ‘su’ terruño.
La Generalitat catalana, como lo ha hecho Ajuria Enea, tendrá que entender que una negociación bilateral, refrendada luego por otra multilateral en la Conferencia de Presidentes autonómicos y finalmente contando con el beneplácito de Europa, va a proporcionar muchos más beneficios a los catalanes que la pervivencia de esta estéril ficción que supone el ‘procés’. Y el resto de los españoles tendremos que entender también, por fin, que los perjuicios de la guerra autonómica serán siempre mucho mayores que esos gastos derivados de un pacto. Yo, como periodista y como ciudadano, solo pido, a estas alturas, que esa negociación se haga con rigor contable y, por supuesto, con mayor transparencia que hasta ahora.