Diario de León

TRIBUNA

Por qué decimos sí a Susana Díaz

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A los 18 años, llevaba dos militando en las Juventudes Socialistas, decidí afiliarme al PSOE cuando atravesaba un momento difícil después de una dolorosa derrota electoral en el año 2000. Por aquel entonces Zapatero sumaba dos años intentando recomponer nuestra organización, fortaleciéndola y construyendo junto a los militantes, los cargos públicos y la sociedad civil progresista un proyecto que nos llevase nuevamente a ser el partido mayoritario que siempre fuimos, ansiando la segunda modernización de España. Y la modernizó. Apuntaló y ensanchó el Estado de bienestar que construimos en los 80. Hizo de nuestro país icono y ejemplo para el mundo en cuanto a la ampliación de derechos civiles. Dignificó el concepto de ciudadanía permitiendo que las leyes no fueran obstáculo para que cada ser humano viva su vida tal y como desee vivirla.

Siempre tuve claro que hay que implicarse y comprometerse con la democracia, formar parte de las organizaciones civiles, de los partidos políticos, de los sindicatos... Tampoco dudé, ni lo hago ahora, de que no hay que traficar con ilusión, que de poco sirven épicos relatos si no tienen su base en la realidad. Que los discursos grandilocuentes, por vacíos, generan una inflación política que conduce a la desilusión. Si la ciudadanía pierde la fe en el Estado democrático, habrá una ventana de oportunidad para el retorno del autoritarismo.

Cuando Susana estuvo en el Centro Cívico del Crucero había ilusión, como cuando Chacón nos iluminó con su discurso auténtico, rebosante de socialismo hace solo dos años. Como cuando caminábamos por esas calles con José Antonio Alonso, por su barrio, hablando con sus vecinos, con la humildad de quien llegó a formar parte de las más altas instituciones del Estado sin darse importancia y apelando siempre a sus orígenes de hijo de obreros en un barrio proletario. El jueves allí nos congregamos militantes de toda condición y sensibilidad a los que nos unen los principios y valores tradicionales del socialismo y del «pablismo», el de nuestro fundador, los que nos enseñaron que nuestra organización tiene sentido mientras haya injusticias que combatir colectiva y solidariamente.

Y es que ahora España es el segundo país de la Unión Europea con más temporalidad laboral, con mayor precariedad juvenil. En León, ni eso. Sencillamente, los jóvenes no tenemos oportunidades. Nos dijeron que éramos la generación más preparada, que el futuro nos pertenecía, pero somos víctimas de la explotación laboral, de la incertidumbre, de los salarios de subsistencia, de la sobrecualificación —que ya es el colmo—, del triunfo del neoliberalismo y el pensamiento único de los 80. Del thatcherismo más rancio. Del pistolerismo chulesco e individualista de Reagan. Del incienso agobiante de Juan Pablo II.

Los jóvenes leoneses estamos siempre sobreviviendo, con la amenaza permanente de tener que emigrar para trabajar. Parece que el PP nos ha comprado un billete de tren, pero solo de ida. Nos han invitado a marchar. Una sociedad que quiera tener futuro no puede formar a sus jóvenes para que produzcan y generen riqueza en otros territorios. No podemos seguir desperdiciando talento y conocimiento.

Y por eso necesitamos un soplo de aire fresco. No necesitamos liderazgos enranciados de quienes solo buscan mantenerse en el cargo a cualquier precio, que rechaza liderazgos colectivos y que no es permeable al sentir progresista de una ciudadanía que mayoritariamente desea cambios políticos, sociales y económicos.

Necesitamos más que nunca socialismo serio, responsable, de principios. No de cargos, butacas y despachos. El de verdad, el que racionalmente proponga un proyecto convincente, combata las desigualdades y entienda que el crecimiento económico no es un fin en sí mismo del Estado, sino que ese crecimiento económico es positivo solo si va ligado a una redistribución de la riqueza que permita que ningún coterráneo se quede tirado en la cuneta y tenga las mismas oportunidades que los demás. Precisamos el socialismo que acude a su cita con el futuro: a la igualdad se llega promoviendo la igualdad. El que protege a los seres humanos desde la cuna a la tumba. El mejor legado que nos dejaron nuestros compañeros de la familia socialdemócrata sueca. Olof Palme, Willy Brandt y Bruno Kreisky son nuestros referentes cercanos. Los tenemos que tener muy presentes para ahuyentar los peligros que acechan a Europa en forma de nacionalismo excluyente, fronteras, conflictos con el vecino, odio al diferente, marginación y exclusión al pobre, al desheredado y al desharrapado.

Necesitamos recuperar los valores de nuestros mejores militantes, nuestros antepasados que en 1879 fundaron el partido, el de nuestros abuelos que pagaron con su vida defender la República y la democracia contra el fascismo autóctono y fueron represaliados por ello durante cuarenta años; como la generación de nuestros padres, que hicieron la transición, con todas las imperfecciones que queramos, ahuyentando los fantasmas de los años 30 y dando una oportunidad modernizadora a este país sin suerte que es el nuestro, y que ya se merecía. Por tanto que necesitamos, por tanto como hemos de cambiar en España desde el PSOE, damos un sí a la candidatura de Susana Díaz.

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