TRIBUNA
Vuelve Franco. ¡Qué miedo!
D efinitivamente no aprendemos ni aprenderemos jamás. Somos así. Va en nuestros genes. Ahora resulta que, apoyándonos en esa extraña, sí extraña ley de la memoria histórica, se le pide al Gobierno que exhume los restos del antiguo Jefe de Estado de España. De Francisco Franco.
¿Tenemos necesidad de remover temas que, hace una eternidad, ya no forman parte de nuestras vidas? ¿Tan difícil es ser un ciudadano normal en España, donde respetemos las ideas, las opiniones de los que no piensan como nosotros? Aquí nos va la gresca y el grito. No sabemos ni hablar bajo ni discutir sin llegar a las manos. Tristes características del ciudadano español.
Yo salgo por ahí fuera y, la verdad, siento pena por mi país. En Francia se habla de política y hablan dos adversarios en ideas y, en ambos casos solo veo una bandera. La francesa. Solo una. Hemos visto a Obama despedirse de su mandato y Trump llegar al suyo y solo se veía un bandera. La americana.
Estos simples pero importantes actos son impensables en nuestro país. Impensables. No sabemos o no queremos saber. Aquí tenemos banderas para dar y tomar y cada uno quiere, exige que la suya sea la buena. ¡Faltaría más! Y lo que es peor. Hay banderas dentro del territorio español que, por ley, no deberían exhibirse y se exhiben y otras que tienen su sitio constitucional y no lo ocupan. O sea que, una vez más, se nos va el tiempo en querer arreglar lo que no tienen arreglo. Que nos entretenemos con la paja de los asuntos y mientras tanto se nos escapa el grano. Y, pasando la vida, ahora toca Franco y su lugar de descanso. ¿Se imagina usted la carcajada si, p.e. conociéramos que los franceses quieren exhumar a Mitterrand, pongo por caso, sencillamente por que no gustaban sus ideas y porque había hecho cosas que a sus adversarios no gustaban? Por favor, seriedad.
Si no estamos locos nos falta muy poco. Tenemos miles de problemas que resolver con urgencia que son mucho más importantes que si exhumamos o no a Franco. Nuestra sociedad necesita muchas cosas que aún no tiene y debería tener. Estamos trabajando bien y con mesura, con calma, salvo excepciones. También tenemos problemas para dar y tomar. Europa nos está, por fin, reconociendo. Nos valoran. Y, ahora es cuando una parte de esta sociedad reclama algo que es absolutamente ridículo en opinión de casi todos. Se diría que lo hacemos con intención. Podría ser.
Hace unas jornadas he leído una frase atribuida a Homero y que nos viene como anillo al dedo: «dejemos que el pasado sea el pasado». ¿Eso es tan difícil? O hacemos un esfuerzo conjunto, todos unidos, para que se produzca un cambio en nuestra actitud para estas cosas o estamos llamados a nuestra propia destrucción, metafísicamente hablando, claro está. O cambiamos o episodios como este de la exhumación de Franco y otros que, con seguridad, aparecerán, los llevaremos como si fuera un chip bajo nuestra piel que despierta cada cierto tiempo, para joder la situación.
Las dos Españas, la guerra civil, los nuestros, los vuestros. ¿Cuándo vamos a terminar con esta farsa? ¿Somos de verdad, conscientes que el futuro ya ha comenzado y nada tiene que ver con el pasado carca, viejo, rancio y que ya hay unas generaciones que juegan en otra división? Conviene ir aprendiendo y practicando estas cosas. Estamos a punto de ser testigos presenciales de los coches viajando de forma autónoma, vemos películas en nuestro móvil, hablamos con China a la vez que vemos a nuestro interlocutor, ampliamos nuestro tiempo de parking en la calle desde la mesa del restaurante, también con nuestro móvil.
Podemos desayunar en Madrid, comer en New York y cenar en París de la France y, mientras tanto, hay gente que se entretiene pidiendo la exhumación de los restos de Franco. ¿Estamos o no estamos locos? Pues bien; a ver si de verdad va a venir y esos mismos que exigen su exhumación, pedirían que volvieran a enterrarle. Cuidado.
El miedo es libre.