AL TRASLUZ
Arte del estornudo
Aquello de las dos españas, una de las cuales ha de helarle el corazón al españolito que viene se nos ha quedado algo desfasado, en lo que se refiere a climatología política. Hoy las posibilidades de catarro son muchas, incluso en mayo. Ahora tenemos además de las dos de siempre esta otra y aquella de más allá, también las de arriba y las de abajo, las de todo recto y la de según pasa la cuarta rotonda. ¿Será por españas? ¿Será por achises? Helada se ha quedado Susana Díaz con el resultado de las primarias. Y temblando están algunos y algunas a quienes el retorno de Sánchez les ha pillado en manga corta. Ah, las corrientes. Más aun, ¿acaso usted no ha sentido un escalofrío al leer que Trump ha cerrado en Arabia Saudí negocios de armas por valor de 380.000 millones de dólares? Pero cualquier climatología pasada no fue mejor. Hoy en la Biblioteca Pública, a las 19.30 horas, el profesor Juan Bartolomé hablará de «La España de Cervantes», presentado por José Luis Chamosa, dentro del ciclo que viene programando Sofcaple. A los españolitos que venían al mundo en el Siglo de Oro también alguna España les helaba el corazón. Y sí, todo está en el Quijote. Mucho antes de que Zidane fuese manteado por su gran victoria liguera, lo fue Sancho en la venta. «Y ya al ventero Palomeque le apodaban el Zurdo», apostillarán en Podemos. Vale. Dejémoslo mejor en que casi todo está en el Quijote.
Puigdemont presentó en Madrid su delirio independentista, encaminado a intentar que sus jefes no vayan a la cárcel. Supongo que la proximidad de Cibeles, icono del madridismo, le produjo sarpullidos. Pues que se hubiese quedado en casa. En el siglo XVII, él y su cuadrilla llevarían ya mucho en galeras. Algunos no se enteran de que han naufragado hasta que empiezan a tragar agua. Y en el fondo.
Pero también hay gratas brisas de optimismo, como esos algo más de 14 millones de euros que Europa acaba de conceder a un proyecto presentado por el Ayuntamiento de León, para el desarrollo sostenible en barrios de Entrevías. Ha sido el único seleccionado en la autonomía. Como razonó Sancho: «más vale un toma que dos te daré». 14 millones, contantes y sonantes, no son calderilla. Y bien se merecen un ¡Jesús, María y José!