león en verso
Escarlata O´Hara en la Cultural
Los que en casa no necesitamos preguntarnos por qué somos del Sporting, comprendemos mejor que nadie la marea de banderas blancas con leones rampantes que ha puesto rumbo al Reino de León; hay cosas que ocurren estos días que ya las explicó como Dios Salvio Barrioluengo, al acuñar aquella expresión sublime que define todo lo que pulula en torno al equipo de fútbol de la ciudad: culturalistas y culturaleros, solía resumir aquel presidente de la segunda travesía por el desierto, hasta que Tomé, el otro, Manolo, prescribió en la pizarra el remedio para evitar el camino del Gólgota de la Tercera, tan ingrata e invisible; tiqui taca, sustento del éxito de las clases pudientes que interpretó a la perfección una plantilla proletaria. Resulta inexplicable la fidelidad constante de generaciones a la divisa de la Cultu, hornadas de aficionados que no recibieron a cambio otra cosa que la ingratitud de resultados mediocres y el eco baldío de los balonazos a la grada y la niebla del viejo Amilivia. Cómo serán de la Cultu, si no sufrieron la avanzadilla de Eduardo, Eulate, Nistal, Ramos, O´Donell , que abordaban el estadio de la Puentecilla a base de trazar diagonales a la espalda de Eutiquio. Hubo quien lo dejó cuando Lillo debutó de Erasmus en Valladolid, de alumno avezado en las clases magistrales de Maturana, antes de la revolución del portero que hacía el escorpión y Michel le tocara la zona de candela a Valderrama. Fracasó una tentativa de resurrección con el cambio de siglo, que dejó grabada a fuego la advertencia en la tribuna que tosta el sol de espaldas al Bernesga, que es Rubicón: cuidado con lo que sueñas, que luego tienes que volver. Ahí va la Cultu; con la sensación de que ya tiene entre manos lo que antes no tenía más acá de la mente. Llegado este momento, para terminar de comprender por qué hoy León no se quita a la Cultural de la boca, se podía invocar a Cruyff, cuando aclaró que entre todas las cosas que importan una mierda, el fútbol es, con diferencia, la más importante; o citar a Camino Gallego, que hace treinta años seguía los partidos con una silla plegable, señal de que el Flaco tenía razón. Éste a Dios pongo por testigo de la Cultural suena a música celestial, envuelta y todo en el hambre que le ha empujado hasta aquí.