HOJAS DE CHOPO
... y espera
La gran ventaja del poder es que suele descubrir quién es de verdad el que lo ejerce. Para bien o para mal, no cabe duda, que de todo hay. “Para conocer bien a alguien, dale poder y espera”. Lo dejó escrito X. Aldekoa en el libro Hijos del Nilo. De sus orillas me ha sugerido esta reflexión trasladarme a otras orillas más cercanas. Y en concreto a las cercanías de un mandamás municipal que se asigna de sueldo unos tres mil euros líquidos de nada. Lo más sangrante del asunto es, por una parte, que se niegue a dar explicaciones; por otra, que entienda el asunto como compensación a su teórico o real sueldo previo a la entrada en la municipalidad. Pura higiene democrática es dar siempre explicaciones sobre los dineros públicos, a no ser que lo público solo se entienda como objeto de saqueo. Urge regular los sueldos del común, más ajustados además a la realidad económica del país. A la segunda referencia: se supone que nadie le puso una pistola en el pecho. Siguiendo deducción tan peregrina, el asunto, por pura deducción lógica, podría dispararse hasta límites insospechados, también por defecto. No es de recibo el concepto de clase en el ejercicio del mismo cargo, cosa que la experiencia suele negar rotundamente. Los imprescindibles, los que se consideran tales nunca lo son. Jamás. Aunque piensen que las exigencias democráticas “pretenden dificultar nuestra gestión”. ¿Irán estos al infierno por ello?
Escribo en una tarde calurosa de domingo en que se dilucida qué equipo de fútbol será campeón de liga y qué candidato ganará las primarias socialistas. De estos tres últimos solo puedo afirmar, con los matices necesarios, especialmente en algún caso, que han hecho una campaña dura, llena de agravios y descalificaciones pero vacía de argumentos y propuestas. Algo poco alentador, a mi juicio, los une: salvo detalles anecdóticos, parece que los tres han vivido siempre del partido y/o la política. Muchos de los posicionamientos laterales se han hecho respecto a las personas, no a las ideas, con una intención al menos confusa de posicionamiento de sillones. A estas alturas de la tarde, y como conclusión, tengo la convicción de que el espacio de la socialdemocracia no corre peligro entre nosotros. Las siglas del principal partido de la oposición, si no se gestiona bien, eliminando tanto parásito y figurín y aplicando las armas del razonamiento y la generosidad, ya es otro asunto. Nos toca esperar. Buenos días.