león en verso
Bullying es una pelota pequeña
Se debe tener en cuenta que en el mundo hay malas personas, y todas tiene padres, hermanos o hijos, que los padecen antes que nadie. No hay defensa contra el infortunio de toparse con un suplicio similar. Los territorios con sociedades más o menos avanzadas que se han preocupado de medir el fenómeno, dulcificado en la fábula del antiguo testamento por la embestida de Caín, fija en torno a los nueve años el momento del inicio de este martilleo, que no se desprende tan fácil de la piel y tortura el cerebro como si se tratara de un gerundio. Un niño de tercero de primaria, víctima potencial de este virus de la envidia, llegará al medio siglo de vida con cuatro décadas de tostón psicológico a la espalda. ¿Y qué hace el sistema para proteger a las víctimas? Estadísticas. Cada curso escolar dispara el número de soldaditos de plomo que envía al patíbulo. Caen, ignorantes y ajenos de que aquellos que te critican son los que quieren verte distinto, porque ven en ti lo que ellos no serán jamás; acosados a una edad tierna en la que no han tenido tiempo de aprender que si te copian es porque representas un modelo de éxito; y que empiezan a agredirte cuando ya no pueden copiarte. No hay consuelo para esa frustración del aislamiento; los moratones se borran, pero las muescas psicológicas surcan la dermis a la par que un tatuaje; tarde llegará el momento en el esta nueva generación de mártires que se acuesta a la sombra de la pared en el patio del recreo llegue a comprender que es función de los envidiosos la tarea de proferir injurias y de los necios de contestar. Hay torrentes de lágrimas que parecen irrefrenables. Queda confiar en los corazones que emergen sobre la vileza. El bullying es una pelota pequeña, respondió un chaval de categoría alevín cuando en una pachanga de entrenamiento la masa, el barullo que agita las emociones, metió en danza el término. Hacedle bullying, hacedle bullying. ¿Qué es bullying? se inquietó el canijo del grupo, ajeno al significado real del veneno que se envolvía con la broma. El bullying es una pelota pequeña, improvisó el joven futbolista para proteger al más niño. El fragmento me lo confió el entrenador del equipo, que no ocultó su emoción por el detalle; la esperanza de hacer frente a la malicia.