Diario de León
Publicado por
MARÍA J. MUÑIZ
León

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Las niñas ya no quieren ser princesas, presume la campaña ‘Entre Iguales’ de la Consejería de Educación atendiendo al trabajo ganador del Instituto Ornia de La Bañeza. Para ser exactos, no quieren ser princesas salvadas por un príncipe, apreciación que no deja de tener su miga desde el punto de vista del estereotipo. Porque una cosa es que no quieras que te mangoneen la vida ni de rescaten de tus propios deseos, y otra bien distinta que renuncies desde tu independencia a que te traten como una reina. O como un rey, si es el caso. Que a nadie le amarga un mimo.

Lo que ha llamado la atención a estos alumnos es que hay pocas investigadoras. No es del todo cierto: hay muchas, pero no con el suficiente reconocimiento. Aunque sí existen campos en los que la presencia femenina es mínima y menguante. Lamentablemente, son los que tienen más futuro. He ahí la tecnología. Si nadie se explica por qué en tiempos de paro irresoluble merman los matriculados en las carreras con un futuro de empleo más claro, menos sentido tiene que las mujeres sigan optando por apelotonarse en aulas generadoras a miles de profesionales que nadie necesita.

El 75% de los universitarios actuales estudian carreras que les forman en aquello que ya muy pocos solicitan, mientras las empresas tecnológicas no consiguen cubrir sus puestos disponibles porque no encuentran perfiles profesionales cualificados. Muchas de las asignaturas en las que hoy se devanan los sesos los alumnos no tienen ya aplicación práctica en el mundo laboral.

Las mujeres, dicen los expertos, no se apuntan a las tecnológicas porque están educadas en la conciencia de que su desempeño tiene que traducirse en un beneficio social, y no lo encuentran entre ratones y megabites, pero sí en las atestadas aulas de las carreras sanitarias, por ejemplo. En la Universidad de León la ecuación es totalmente cierta.

Niñas y niños son obligados a escoger cada vez más pronto una especialización educativa, cuando no tienen ni idea no de lo que quieren, siquiera de lo que pueden ser. En un mundo profesional que gira hoy tan rápido, la desorientación es una alarmante tónica. Si a ella se suma la carga del estereotipo y la falta de motivación, el resultado es el absurdo. Sigamos presumiendo de las generaciones mejor preparadas de la historia. ¿Preparadas para qué?

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