Diario de León
Publicado por
javier tomé
León

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Conviene tener el psicoanálisis puesto al día para entender las tarambanadas que ocurren con el tema de Cataluña, una marimorena sonrojante que alcanza tonos cada vez más ácidos. El cimiento de los hechos viene a ser el siguiente: las sucesivas maniobras sediciosas planificadas por doctorados en sinvergonzonerías varias se predican en territorio previamente abonado, provocando un mar de líos y todo un rosario de extravagancias y sandeces. Forzando la escandalera, líderes tan acreditados como Puigdemont, un diablillo bautizado por el maestro Alcántara con el apodo del “Temible Pelos”, se encaminan directamente hacia la gallina de cuatro patas, y ello cuando el tesorillo común se encuentra prácticamente vacío. En lo que a mi entender supone un prodigio de ineptitud, ha paseado su causa independentista por medio mundo recibiendo en todas partes, incluidos los Estados Juntitos, los más sonados portazos. Pero ahí sigue, convertido en la Juana de Arco de los agraviados catalanes y tramando futuros actos ridículos de gamberrismo comunitario, ya que el buen hombre tiene más teatro que Mario Vaquerizo.

Aunque casi todo lo que rodea al asunto es ruido, ya que en lugar de decir mentiras parecen estar casados con ellas, me juran por San Alcapone que ya están distribuidos los ministerios del futuro Gobierno de la República Catalana. Al frente de la cartera de Economía estaría el clan Pujol al completo, que de cuartos sabe un rato, con la Madre Superiora encargada de ?supervisar las operaciones mediante esas claves nacidas de su fecunda imaginación. El prestigioso líder internacional Nicolás Maduro se ocuparía de coordinar las tareas de las embajadas independentistas en el exterior. Y aunque sea fuente de consternación para cualquier persona sensata, la cúpula del poder estaría reservada para el futbolista Gerardo Piqué, que aunque no destaca precisamente por su sabiduría ni tampoco por sus dotes diplomáticas, encarna el sano sentir del oprimido pueblo catalán. Groucho y Marxs, juntos, no mejoran el asunto. En fin, será mejor dejar el desenlace en manos de la providencia.

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