Diario de León

TRIBUNA

La Universidad, ¿vivero de insatisfacciones?

Publicado por
JOSÉ LUIS SANTOS CELA PSICÓLOGO/ EXPROFESOR
León

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U n año más los alumnos que cursan 2º de bachillerato están a punto de finalizar estos estudios para iniciar la travesía que les llevará al vestíbulo del siguiente tramo de formación. Desde esta tribuna me gustaría llegar a la Administración Educativa, Centros de Enseñanza y colectivos afectados (alumnos y familias) con una reflexión surgida de mi experiencia como exprofesor universitario, como exorientador escolar y como psicólogo.

La Administración Educativa, en ocasiones, presionada por determinados colectivos sociales con diversas motivaciones, cede ante peticiones de ubicar Centros de Enseñanza Superior en distintos Campus, pero, he aquí que esta concesión está claramente condicionada por factores que paso a comentar: 1.— ¿Qué intereses mueven para solicitar Centros Universitarios? 2.— ¿Qué variables determinan estas concesiones? 3.— ¿Qué valoración merecen otras alternativas educativas?

Respecto al primer punto entiendo que, con el Estado de las Autonomías, se ha producido un fenómeno de acercamiento de los distintos servicios, donde los ciudadanos queremos tener todo en todos los lugares, sin valorar que la cantidad no siempre concuerda con la calidad, aunque evidentemente en ocasiones sean perfectamente compatibles. Así, aspiramos a disfrutar de trenes de alta velocidad, autopistas, aeropuertos, hospitales, universidades y un largo etcétera a la puerta de casa. En el caso de la Universidad, que es el tema que nos ocupa, se suelen hacer, en principio, promesas de peticiones de Centros de Enseñanza Superior vinculados a las características de la comarca (caso de la Universidad de León, Campus del Bierzo, facultades o escuelas ligadas a la producción agrícola o energética), si bien, conseguido lo primero, se intenta ampliar el círculo buscando argumentos, a veces más difíciles de explicar que la cuadratura del círculo.

Con relación al segundo punto, y considerando ya plantada la semilla (tenemos campus), las ampliaciones, son ya harina de otro costal. Aquí es donde la Administración empieza a filtrar, utilizando filtros de grano finísimo (es el aplicado, por ejemplo, para la ubicación de nuevas facultades de Medicina), de grano fino-medio (es el caso de facultades de Veterinaria, Ciencias Físicas, determinadas escuelas técnicas y otras con potentes Colegios profesionales que presionan) y de grano grueso y del todo vale (donde entran la gran masa de las facultades ligadas, fundamentalmente, a las Ciencias Sociales y Humanidades) que sirven para satisfacer las peticiones de «no te puedo dar, pero te doy….). Es realmente triste, que hagamos a priori una clasificación de las facultades, no por las necesidades, sino por lo que cuestan más que por lo que valen. Está claro que dotar a una Universidad de una Facultad de Medicina, además del coste que representa a nivel de recursos materiales y personales, se une la gran presión del Colegio Oficial de Médicos, así como los sindicatos de la profesión, órganos que mantienen un claro control entre el número de médicos que se forman y las expectativas de trabajo; sin embargo, cuando se trata de conceder otro tipo de facultades, como puede ser el caso de Filosofía, Geografía e Historia y un largo etcétera, donde con unas aulas y justitos recursos se considera suficiente para su funcionamiento, la orden de creación satisface la promesa, aunque mermada, eso sí, de la que en su día hizo el político de turno o quien gestiona la empresa universitaria. Y esto, ¿dónde nos lleva? La respuesta es sencilla e inmediata: hay facultades y escuelas que forman profesionales para ejercer su profesión y facultades y escuelas que forman a profesionales, donde solo una minoría trabajará en aquello para lo que invirtió cuatro años de grado, uno o dos años de máster y puede que varios de doctorado, mientras que un alto número de estos universitarios andarán vagando de oposición en oposición, con plazas inalcanzables para muchos aspirantes.

Finalizo mi reflexión con el tercer factor, ¿qué hacer? Solo un breve apunte: planificar. Esta palabra encierra todo un discurso que, está claro, se contrapone con muchos intereses, sobre todo de organizaciones muy poderosas y de rancio abolengo, se contrapone con las promesas de muchos políticos que venden un producto caduco o de ficción y se contrapone con una cultura de las familias que asocian ir a la Universidad con la vía natural de lo que hay que hacer al finalizar el bachillerato, cuando con una orientación bien llevada y una prospectiva de necesidades para el futuro de cada generación deberíamos formar al alumnado con rigor para aquello que se supone la sociedad va a demandar. No quisiera concluir sin resaltar la idea que permita responder al titular del artículo. Creo que la base del éxito está en planificar conjuntamente una Universidad y una Formación Profesional donde prime la calidad y la necesidad. Una Universidad y una Formación Profesional que no tengan que estar en cada rincón del Estado o Comunidad, una Universidad y una Formación Profesional a la que accedan aquellos alumnos que al finalizar sus estudios puedan ejercer sus respectivas profesiones.

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