AL TRASLUZ
El despatarre
Si hace años alguien me vaticina que escribiría esta columna le hubiese respondido: «Ya. Y otra sobre el Anís del Mono». Pero aquí me tienen, escribiendo sobre el despatarre. O sea, cuando alguien sienta con la pierna izquierda en las nueve y la derecha en las tres. Los cursis lo llaman ‘manspreading’. Antes, así sólo se sentaban las bailarinas del Bolshoi. Ahora, también usuarios del transporte público. Pero no confundamos ser de sentar desinhibido —como John Wayne— y la zafiedad imperante. Si además se acompaña de bostezos y estiramientos, entonces, estamos ante la estética del horror. El partido de Pablo Iglesias quiere que se lleve a cabo una campaña contra esta manera de sentarse en el metro y en los autobuses, que invade el espacio del viajero que se sienta al lado. Aplaudo la campaña. Lo que sucede, ay, es que él se sienta así a menudo en su actividad política, como ha probado la hemeroteca de imágenes. Y no se me diga que se debe a que el líder de Podemos es de ingles elásticas. Le han pillado en una contradicción, en otra. En esto del despatarre ya marcó hace años tendencia Bertín Osborne en aquel programa nocturno de «Contacto con tacto, de buen título pero de bochornoso recuerdo, en el que se repantingaba con una pierna mirando a Telecinco y con otra a la BBC. Ahora, en la edad de la gotera, es de sentar más recatadín. Su discípulo aventajado es Kiko Rivera, quien tiende a sentarse con las piernas en abanico.
Pero un hortera puede tener buena intención en su descortesía. En su caso, el desconocimiento de las normas de urbanidad puede deberse a la fiebre del sábado noche. ¿Y el resto de la semanina? Hasta levantar el meñique para pasar las páginas del Financial Times.
Es más chabacano el despatarre ideológico. Pep Guardiola acaba de leer un comunicado en el que pide ayuda internacional contra «El Estado autoritario español». Lo de las piernas abiertas en exceso se arregla con un cursillo, la cerrazón de mente es más difícil de pulir. Nada hay más contrario a la elegancia que la mentira irresponsable. Guardiola lleva trajes caros, pero carece de estilo. En efecto, me vaticinan que escribiría esta columna y hubiese exclamado: «¡Y otra dos más sobre el Anís del Mono!».