SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS ?ARTURO PEREIRA?

De gordos y delgados

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León

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L a sociedad está en un proceso de radicalización permanente. Son muchas las manifestaciones de ello. Una de tantas es la aparición del binomio obesidad-cuerpo da Vinci. Me refiero con este segundo término al conocido como hombre de Vitruvio de Leonardo donde se representaban las proporciones ideales del cuerpo humano. Para ser más claros, o estamos gordos de narices o estamos flacos con tendencia a la excelencia muscular. No hay término medio.

No queda espacio para los fofisanos, categoría de personas que tienen un cuerpo normal, si se puede considerar así. Estos serían en el caso de los hombres los que tienen una pequeña barriguita y en el caso de las mujeres aquellas que sus caderas marcan alguna curvita más allá de lo que les correspondería, por ejemplo. Estos no tienen cabida en una sociedad de extremismos.

Si un fofisano va a comer con los obesos le miran mal y le critican. Comienzan por preguntarle si la comida no le gusta, continúan sotto voce afirmando las manidas frases de: no ha comido ni bebido nada, este no vale ni para comer… Al contrario si se va a comer con los adictos al gimnasio y fieles creyentes de la religión del culto al cuerpo, comenzarán haciendo observaciones sutiles sobre su poco estética protuberancia delantera para acabar analizando su escuálido bíceps. En fin, o te radicalizas o no tienes cabida en este mundo falto de moderación.

Si ya es por sí agresivo el radicalismo estético, más grave y de funestas consecuencias lo es el radicalismo político-económico- religioso. Creo que estos elementos están indisolublemente unidos en el caso del terrorismo islámico. Recientemente, hemos podido asistir a la incriminación de unos países musulmanes hacia otros por considerar que apoyan al terrorismo.

Lo que ocurre a decir de muchos expertos en esta materia es que estamos asistiendo a una guerra civil entre los islamistas que les ha conducido a patrocinar sus propios grupos terroristas. Los que acusan a unos Estados de financiar el terrorismo son a su vez acusados de lo mismo. Este terrorismo es fruto de intereses políticos y económicos que usan la religión como instrumento para alcanzarlos. Si miramos hacia atrás esto nos trae a la memoria recuerdos de la historia de Occidente sin lugar a dudas.

Paralelamente, la cultura occidental es objetivo común para ambos grupos. Simplemente porque no somos como ellos, no estamos todavía radicalizados más allá de lo que nuestra cultura clásica nos permite. Claro está, que la progresiva desaparición del conocimiento de nuestras raíces y por lo tanto el desapego hacia ella y la falta de voluntad de defenderla, nos privará de las herramientas para que también caigamos en radicalismos absurdos.

El radicalismo en Occidente se está poniendo de manifiesto con corrientes de pensamiento que auguran abandonar el camino hacia una Europa unida, una Europa defensora de la igualdad y defensora de los valores humanos que constituyen los derechos fundamentales. Simplemente analizando como está el mundo fuera de las fronteras europeas nos podemos hacer una idea de hacia donde va.

Opciones radicales nacionalistas, opciones radicales económicas donde la obtención de beneficios es el único objetivo implicando la adulteración del derecho a un trabajo digno, opciones radicales religiosas que no aceptan otras creencias, son algunos ejemplos de radicalización mundial que ponen en peligro la seguridad a nivel global.

No me gustan los radicalismos, no me gustan aquellos que piensan que tiene la verdad absoluta en su mano, no me gustan los que excluyen a los demás. No me gustan los que no guardan un minuto de silencio como homenaje a las víctimas del terrorismo y tampoco me gustan los que teniendo responsabilidades y poder de decisión no hacen nada para corregir estas conductas.

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Me gustan las personas moderadas que ponderan sus opiniones antes de manifestarlas, que las razonan y manifiestan con educación y buenas maneras. Me gustan quienes defienden firmemente sus ideas pero con respeto y siempre con el ánimo de construir, de hacer un mundo mejor. Me gustan, en definitiva, los que quieren hacer felices a los demás, sean obesos o vitruvios, me gustan los fofisanos y fofisanas.