cartas al director
Saravia, contrario a la verdad sobre Amancio Ortega
E l Diario ha incluido en su edición del 14 de junio un artículo de opinión bajo el título ‘Filantropía’, firmado por Rafael Saravia, colaborador externo ocasional en las páginas de cultura del Diario de León. Este artículo se refiere a la donación acordada por la Fundación Amancio Ortega con los sistemas públicos de salud de todas las comunidades autónomas españolas, y expresa una serie de críticas a esta acción apoyadas en afirmaciones del autor que no se ajustan a la realidad.
Podría mencionar en este sentido aspectos tales como la fiscalidad que soportan las actividades empresariales de Amancio Ortega, su tributación personal, la confusión entre la fiscalidad sobre el patrimonio y sobre las rentas o el tratamiento fiscal de las donaciones y sus límites. Pero el motivo de esta carta no es aclarar estos conceptos, a lo que sin duda podría contribuir mejor algún experto en materia fiscal, sino poner de manifiesto que el argumento principal sobre el que apoya el señor Saravia su artículo es radicalmente contrario a la verdad: ni Amancio Ortega ni ninguna de las compañías creadas por él y en las que participa accionarialmente tienen relación de ninguna clase con empresas dedicadas al suministro de equipamiento tecnológico sanitario, ni en el área de la salud beneficiada por la donación de su Fundación ni en ninguna otra.
Por otra parte, la adquisición de estos equipos, que han sido escogidos por los propios servicios de salud de cada Comunidad, no la realiza la Fundación —que se limita a aportar los fondos necesarios— sino las administraciones públicas, a través de concursos públicos sujetos a las normas habituales de transparencia y libre concurrencia entre empresas proveedoras.
Ignoro cuál pueda ser la fuente desde la que el Sr. Saravia ha podido recibir esta información totalmente opuesta a la realidad, sobre la que no da detalle alguno ni ha considerado relevante contrastar antes de escribir su artículo. En cualquier caso, creo que los lectores de su Diario deben tener la oportunidad de recibir una información veraz para poder construir sobre ella sus propias opiniones, todas ellas respetables, y legítimamente a favor o en contra de cualquier acción, pero basadas en hechos contrastables y no en rumores falsos.
Raúl Estradera. Director de comunicación de la Fundación amancio Ortega
Adiós a mi hermano Guillermo
H ace unos días que murió mi hermano tras una larga y penosa enfermedad por la que por desgracia tantas personas fallecen.
Murió en su casa, rodeado de todos los suyos, pero eso ha sido gracias a los profesionales de la sanidad, de los cuidados paliativos. Con qué cariño trataron a mi hermano y a su familia. Es increíble el trato humano y la sensibilidad que han tenido. Gracias al doctor Teyo y a su enfermera Sofía. Deseamos que puedan seguir haciendo durante mucho tiempo tanto bien a las personas que lo necesitan. Se preocuparon de llamarnos después de morir para darnos ánimos y sus condolencias. Un cordial saludo, con mucho afecto.
ana maría suárez
suárez y familia. boñar
El maltrato y la
violencia de género
D urante unos años, me sentí interesada en el estudio de los casos que, de una manera u otra, llegaban a mi conocimiento, tratando de descubrir un perfil, una causa, un dato relevante que pudiera ser preventivo e intervenir evitando males mayores.…Y admito que, como primera medida preventiva, he recordado una y otra vez un consejo que, en nuestra infancia y juventud, recibíamos de los mayores, padres y abuelos: «No se conoce a una persona en un día, en un mes o incluso en un año. Así que la prudencia debe mantener abierta la cabeza y el corazón antes de tomar decisiones de imposible o muy difícil marcha atrás...».
Y los noviazgos de aquellas generaciones transcurrían un tiempo para permitir un mejor conocimiento que permitiera tomar decisiones no disparatadas. Frente a eso, hoy vemos a muchos de nuestros jóvenes que, tras un encuentro más o menos divertido y agradable, establecen relaciones comprometidas que, en muchos casos, acaban en ataduras de otra índole, seguramente porque la dependencia económica lleva añadida una carga en la posibilidad de optar en libertad.…
Y si a eso añadimos otros perfiles: una deficiente e incompleta escolaridad que ha impedido completar una formación académica y profesional que le facilite una incorporación al mundo del trabajo; en muchos casos ser víctimas de un proceso emigratorio con alejamiento de los núcleos afectivos familiares; en algunos, una pobreza que les ha impedido y mantenido al margen de un tratamiento médico en sus problemas de salud mental; una sociedad que muestra e invita al consumo desbordado en el que se siente el derecho a disfrutar y poseer todo, como único sistema para ser feliz; una ausencia de núcleos familiares estables y satisfactorios en los que aprender a compartir, participar, delegar, ceder a veces en beneficio del otro al que se ama.
¡Todo un caldo de cultivo para, si una falsa y rápida ‘llamada del corazón’ lleva a tomar decisiones equivocadas, haber corrido el riesgo de lo encontrado! Con el agravante de que acaban luego, en muchos casos, perdiendo los menores, los que ni siquiera tomaron las decisiones.…Y esto tendría que ser un aviso que ayudara a nuestros jóvenes (que también conozco a algún elementos masculino víctima de una violencia muy bien desarrollada) a tener abiertos los ojos y el sentido común y aprender a tomar decisiones importantes y comprometedoras en un proceso maduro de lo que ello implica.
¡Que la decisión de formar una familia no es como la compra equivocada de un pantalón del que puedes deshacerte al día siguiente si no te gusta!
Y pueden correrse muchos riesgos, entre ellos, ser víctimas en manos de auténticos enfermos/as mentales…que, posiblemente, también ellos llevan impresa en su carga genética y/o educativa esa violencia vivida.
¡Hagámoselo descubrir a los jóvenes que, de un modo u otro, viven en nuestro ámbito educativo, familiar o profesional! ¡Me gusta esa definición de la educación como ‘iniciación en valores deseables’!
María Jesús Ortega López. leóN