TRIBUNA
El canto coral y los niños

E l pasado día 13 de junio las Aulas Corales Municipales dieron el concierto de fin de curso, en el Auditorio de León, en homenaje al músico Ángel Barja, en el treinta aniversario de su fallecimiento. Con este motivo deseo resaltar la importancia y la trascendencia de estas aulas corales, así como recordar brevemente a un músico que vivió y trabajo en León, y al que conocí personalmente en el Conservatorio de la ciudad, en 1983. Ángel Barja, por entonces, era uno de esos músicos cuya valía musical y humana era desconocida en nuestra ciudad; y así vivía, como tantos artistas a lo largo de la historia, en medio de dificultades y marginaciones. En el Conservatorio, era un profesor no considerado como se merecía, lo que traté de corregir, ese año de 1983, cuando fui nombrado director de este centro. Pero no pude disfrutar mucho tiempo de su valía como profesor y compañero, porque —cansado de las incomprensiones— ya había decidido él presentarse a las oposiciones para profesor de música de Secundaria. Hoy, todos seguimos disfrutando de sus bellas e inspiradas composiciones, que hacen de él un músico de altura nacional e internacional.
Y ¿qué decir de esas aulas corales donde participan cientos de niños, y que nos ofrecieron, el pasado día 13, deliciosas versiones de varios cantos de Ángel Barja? La creación de estas aulas ha sido una de las decisiones más trascendentales del Ayuntamiento de León para esta ciudad, y que la sociedad leonesa ha sabido comprender y, también, apoyar, sobre todo aquellas familias cuyos hijos han tenido la gran oportunidad de disfrutar del mágico y beneficioso canto coral. Hablar de la importancia del canto coral en la vida de los niños daría para muchos artículos. Nos limitamos, aquí, a desplegar algunas ideas.
El canto es un componente fundamental en la educación infantil. Así lo han confirmado los más grandes pedagogos de la música, desde Kodaly a Willems, Jaques-Dalcroze o Pahlen, y muchos de los grandes músicos. El canto es el alma de la música, dice Willems, y afirma también que es el elemento musical por excelencia y desempeña el papel más importante en la educación de los niños. En casi todas las culturas y civilizaciones del mundo, es la madre la que inicia la educación musical cuando entona las primeras nanas en la cuna del niño. Este hecho hace que el pequeño considere el canto tan natural como el habla. ¿Por qué el bebé se tranquiliza y se duerme cuando la madre se pone a cantar? No debe sorprender, pues, que el canto haya sido la primera actividad musical y la más espontánea, en todos los pueblos del mundo. Pero, hoy, ¿siguen las madres —y por qué no, los padres— cantando nanas a sus bebés?
Dentro de la educación general, es necesario dar a los niños y adolescentes una educación artística, llenar su vida de arte y música, que es llenarla de belleza y alegría, como medio para desarrollar lo más elevado y noble que hay en ellos, lo más específicamente humano, la capacidad creativa, el amor a lo bello, la sensibilidad ante las obras de arte y ante toda la naturaleza, y lograr, así, unas sociedades más armónicas y seguras de sí mismas, capaces de vivir en un espíritu de solidaridad y colaboración. La educación artística, a través del canto coral, conduce el sentimiento del niño, desde la primera etapa de la vida apetitiva, a un nivel superior de su vida emotiva, hacia lo bello, por oposición a lo feo.
El psicólogo Howard Gardner sugiere que el niño de 3 a 8 años está motivado para desarrollar el lado artístico de su personalidad, le gusta cantar, bailar, dibujar, participar en juegos, está interesado en el arte más que en lo científico o lógico. Gardner llama a esta etapa el período de oro del desarrollo artístico. En efecto, el mundo de la belleza artística y de la naturaleza es una fuente de alegría y felicidad, que llevará al niño a la belleza moral y a vivir como un ciudadano honesto y responsable, y por tanto, a rechazar tanto la fealdad estética y moral, como la falta de honestidad, que no es más que una forma de fealdad moral.
El canto popular es la energía cósmica vibrando en el alma de los pueblos, es la conciencia de sentirse uno con el entorno. A través del canto, el ser humano se armoniza con el universo y sus criaturas; por eso, el hombre moderno —en desarmonía con el cosmos, con sus hermanos y consigo mismo— apenas canta, como no sean canciones desvinculadas de su ser interno, con ritmos alienantes, canciones sin alma, que no provienen de su corazón, no han nacido en su interior, por lo que no pueden servirle de desahogo y aportarle sosiego y serenidad, como se lo ofrece la canción popular.
El filósofo y pedagogo francés, de origen búlgaro, Aïvanhov, gran conocedor de los beneficios de la música y del canto, afirma: «Cantar juntos en una coral es un símbolo de lo que debemos hacer para sintonizarnos, para armonizarnos entre nosotros, porque esta fusión de voces es, a la vez, una fusión de nuestras almas… Después de cantar, la vida os parecerá más bella, las criaturas, mejores, y vuestra voluntad será más firme». Por ello, podemos afirmar que los pueblos que aún cantan, juegan y bailan, es porque siguen viviendo en contacto y armonía de la naturaleza, y que, en la educación del niño, deben estar presentes los cantos y la tradición popular (refranes, cuentos, leyendas, etc.), pues, en todos ellos, se reconoce el ser humano como parte integrante de la naturaleza.
Concluimos con nuestro apoyo a estas aulas corales, donde los niños leoneses tienen la ocasión de disfrutar de los inmensos beneficios del canto coral, a todos los niveles: físico, emocional, mental, espiritual y social. Y asimismo, deseamos que el Ayuntamiento de León y la Escuela de Música sigan favoreciendo, alentando, y en lo posible, ampliando, estas aulas y a sus profesores, los cuales están llevando a cabo un trabajo cultural y social encomiable, y no suficientemente reconocido.