Diario de León

Publicado por
LUIS HERRERO RUBINAT ABOGADO
León

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C uando en 1986 me dedicó su obra Las nacionalidades españolas no podía ni imaginar hasta qué punto el autor y su obra serían objeto de tantas citas y de tan sesudos análisis, ni cómo con el devenir de los años tanto protagonismo no haría sino aumentar. Hasta que por mor del reciente Congreso Federal de los socialistas una de las ideas cardinales de ese ensayo se ha convertido, a su vez, en la polémica más encendida de la actualidad española.

Nuestro autor fue un castellanista que combatió las tesis que identifican a Castilla con la idea de una España uniforme y centralista. También destacó en su defensa a la hora de desemparejar dos identidades diferentes, la de Castilla y la de León. Militó en el PSOE y se exilió a México tras la Guerra Civil. Anselmo Carretero y Jiménez (Segovia, 1908 – Ciudad de México, 2002) residió en León y está considerado como el ideólogo que formuló por primera vez, allá en 1952, la idea de España como una «nación de naciones» en el libro del que poseo un ejemplar dedicado. Ese concepto se ha convertido, 65 años después de ser acuñado, en la madre de todas las polémicas.

Sin embargo, la idea de España como nación de naciones no había permanecido arrumbada en los anaqueles del olvido. Aunque ahora haya sido rescatada por Pedro Sánchez, no puede hablarse de un discurso novedoso porque no lo es. Ya en los debates constituyentes, Miguel Roca, Jordi Solé Tura y Gregorio Peces Barba, trataron de incluir tal concepto en la Constitución. En el caso del socialista, cabe recordar que en las elecciones de 1977 fue elegido diputado por Valladolid. Los leoneses no podemos olvidar su influencia decisiva para que, en noviembre de 1979, el PSOE optara por posicionarse a favor de la autonomía de Castilla y León y aparcara su compromiso de defender la autonomía uniprovincial leonesa. Para quien fuera presidente del Congreso de los Diputados cabía calificar como «nación» a determinados territorios dentro del Estado español, pero León no se merecía ni figurar en el mapa de las regiones. Peces Barba, lisa y llanamente, consideró que León no existía.

Otros dirigentes socialistas han secundado de una manera más o menos explícita el concepto de nación de naciones, como Zapatero («Plantear si Cataluña se va a llamar nación y si España es una «nación de naciones» no le importa a nadie»), Felipe González y Carme Chacón («La concepción de España como Nación de naciones nos fortalece a todos», El País 26 de julio de 2010), José Montilla o Miguel Iceta. Pascual Maragall en los premios Protagonistas de 2007 reconoció que siempre le han gustado esos premios porque «provienen de una región de España, León, de donde no solo es José Luis Rodríguez Zapatero, sino también Anselmo Carretero, un gran amigo de mi familia, de mi madre, y un republicano que acuñó el término «nación de naciones» pare referirse a España».

En mi opinión el acuerdo adoptado por el último Comité Federal del PSOE es un brindis al sol que intenta satisfacer a una parte de España, con el riesgo de contrariar al conjunto de los españoles. Pedro Sánchez y los suyos tendrán que explicar qué entienden por nación dentro de una nación superior, qué cambios relevantes se producirían respecto a los estatutos vigentes, si solo se aplicaría el concepto nación, como ya han avanzado, al País Vasco y a Cataluña o si se generalizaría en todo el territorio nacional. O cómo se puede hablar al mismo tiempo de federalismo y confederación cuando ambos conceptos son contrapuestos entre sí. Por otra parte, alguien debería explicar al redivivo líder socialista que con la unidad de España y con la soberanía nacional no se juega.

El inolvidable Jaime Andrés organizó un almuerzo entre Anselmo Carretero y un grupo de leonesistas en el restaurante Novelty. Un resumen de lo que allí se habló fue publicado por quien suscribe en Diario de León el 2 de febrero de 1984. De aquel encuentro recuerdo las dos ideas sobre las que gravita el pensamiento de Carretero: la importancia de reconocer la diversidad de todos los pueblos que la componen, con especial referencia a León, y la irrenunciable unidad de la nación española. Por eso no me atrevería a pronosticar cuál sería el pensamiento de este castellanista de pro en la actualidad, si viviera. Lo que sí puede demostrarse es que Carretero dejó constancia escrita de su conformidad con la solución territorial que finalmente se adoptó: «La Constitución elaborada por las Cortes no es precisamente la Constitución federal que nos hubiera gustado, pero nos parece aceptable» (Diario 16, 19 diciembre de 1978) o «La vigente Constitución española reconoce, de manera inequívoca y desde su preámbulo, el derecho que todos los pueblos, nacionalidades o regiones tradicionales de España, tienen a mantener su personalidad histórica» (El Antiguo Reino de León, ed. Revisada, 2001).

Del acuerdo adoptado por los socialistas, rezuma tanta indefinición como teatralidad. Es la política, en versión de Pedro Sánchez. Tan irresponsable propuesta resulta imposible que la aprueben los dos tercios de cada una de las Cámaras, que se convoquen elecciones constituyentes, que se vuelva a aprobar con idéntico quórum por ambas Cámaras y que se traslade al conjunto de los españoles para su ratificación y cumplir así con el trámite exigible para la reforma constitucional. Que el PSOE persevere en su propuesta de España como «nación de naciones» y que Podemos la reformule con una patochada aún mayor: la de conceptuar a España como «país de países». Puede que en ese río revuelto los leoneses veamos una oportunidad de pescar y de exigir el reconocimiento del derecho a figurar en el mapa de las autonomías. La autonomía leonesa, seguro, nunca cuestionaría ni la unidad de la nación española ni que la soberanía reside en el pueblo español.

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